J.J.A. PERANDONES – La tolva
Tenía aquella Astorga su cuartel y seminario llenos, sus harineras y cerámicas, la Papelera y la Aiptesa, los hoteles Moderno y Cantábrico, y otros cercanos a la estación del norte; bares como el Central o el Imperial; la encalada cárcel, el hospicio y sus cinco cines. Lo dicho es un mínimo apunte para despertar recuerdos de aquella ciudad de los primeros años de la década de los 60, que contaba con una población algo superior a los 10.000 habitantes. La ciudad actual ha ido suprimiendo y reconvirtiendo actividades industriales y comerciales, proveyéndose de nuevas dotaciones administrativas y de hospedaje, y ampliando considerablemente el caserío. Una comparación pormenorizada de la ciudad en las dos épocas nos indicaría los cambios, muy significativos, que en ella se han producido. Pese a que en 1975 Astorga amplió su término con la incorporación del Ayuntamiento de Castrillo de los Polvarares, asistimos a una realidad: en tanto desde 1960 iría creciendo en población hasta mantener y superar los 12. 000 habitantes, en el pasado año el actual municipio no ha llegado a bajar de los diez mil, 10.305, gracias a la incorporación al padrón de 431 inmigrantes. Un mal recorre España, la baja natalidad, y en parte del territorio el envejecimiento y la despoblación. Un dato: en 2025 fueron inscritas en el Ayuntamiento 154 defunciones; y 56 nacimientos, buena parte de ellos de padres de origen extranjero.



