Enrique RAMOS
Curiosamente, los votantes no se sienten responsables de los fracasos del gobierno que han votado. Alberto Moravia. Escritor italiano
Estamos en esa fase de las rebajas en la que los mandatarios huelen elecciones y están convencidos de que por derramar de manera más o menos profusa el dinero que primero nos han retenido con los impuestos, vamos a ser más amables con ellos y les vamos a votar.
En algún laboratorio de ideas alguien ha pensado que lo que da rédito electoral es poner a la gente gratis en trenes y autobuses y a vivir la vida. Primero fue el Gobierno central que, para compensar los efectos de la pandemia (no me queda a mí claro qué tenía que ver la pandemia con poner gratis o casi gratis trenes y buses). Aquellos bonos que por muy poco dinero, y, a modo de fianza permitían moverse de manera recurrente por el mismo corredor durante un número de viajes que era, de facto, casi ilimitado.
Como había que igualarlo, en esta nuestra comunidad, el funambulista Mañueco nos llegó con otra de similar porte. Ante la inevitabilidad de otras elecciones en la próxima primavera, miró el manual de instrucciones del político poco ocurrente y dijo: pues yo como Sánchez. Y como no iba a poner los mismos bonos, lo puso más redondo: todos los buses de líneas que se muevan por Castilla y León, serán gratis para quien tenga el QR correspondiente. Hombre ¡será por dinero!
Y medio de tal orgía que estábamos, llega Sánchez con su regalo de Papá Noel y dice: por 60 euros al mes, el personal se puede mover por donde le dé la gana por todo el país; eso sí, ni AVE ni avión ni barco.
Tanto en el caso de Mañueco como en el de Sánchez, me asaltan sendas dudas: estos dos sujetos tan listos y tan mandatarios ellos ¿no tenían un problema capital por no haber podido sacar adelante sus respectivos presupuestos? ¿De dónde sacan el dinerito para esas compras de voluntades preelectorales? ¿Es legal? A ver si va a resultar que esas tonterías de no tener presupuestos son pretextos suyos y moralla verbal de los retrasados contertulios hablando para retrasados teletontos.
Da la impresión de que a los que nos gobiernan, en un acto de regresión, acaban de descubrir las grandes aportaciones de la rueda. Los autobuses y los trenes, siempre que no sean el AVE, son la gran modernidad de este país y el que no monta en ellos para moverse por aquí y por allá es porque no quiere.
A lo mejor, la ocurrencia, tiene más de tiro en el pie de que de otra cosa. Dada la manifiestamente mejorable puntualidad de los trenes españoles, quizás el regalo del billete acabe siendo una maldición para quien no llega a trabajar o a esa cita tan importante. Lo que viene siendo un regalo envenenado. Y otrosí, dado que los autobuses tienen un funcionamiento también muy mejorable debido básicamente a que las concesiones administrativas les convierten en amos y señores de autobuses, rutas y pasaje, dando igual si les tratan bien o como ganado, quizás el chollo de Mañueco no sea tal. Aún más, este ejercicio de conocer la amplia Castilla y el demolido León a bordo de los autobuses abanderados por la pegatina Buscyl, hará que gentes que no conocían determinados caminos de cabras incluidos como carreteras en ciertos mapas, se den cuenta de que la política de Fomento de la Junta de Castilla y León es igual de mala que el resto de sus políticas.
En todo este furor por las ruedas que les ha entrado en Valladolid y Madrid a mí me sale de ojo otra incongruencia. En esa cantinela por la sostenibilidad y la matraca del kilómetro cero que llegó a formular hace años aquella máxima de las “ciudades quince” (localidades en las que en un radio máximo de quince minutos debía estar el trabajo, el ocio y la residencia) ¿cómo se encaja la cosa esta de regalar, o casi, el transporte? ¿Queremos ser respetuosos con el planeta y movernos poco para no comernos el ozono ni el petróleo como nos dice el presidente del Gobierno, o por lo contrario preferimos hacer lo que él hace apareciendo en un helicóptero en Tabuyo a contarnos las esencias de la sostenibilidad mientras quema gasolina como una falla? ¿Hacemos lo que dice? ¿Hacemos lo que hace? Viajad y ved mundo ¿es sostenible?
Está por ver que la ocurrencia de regalar billetes de transporte público vaya a tener un efecto beneficioso entre el electorado. En todo caso, estamos en la trampa de siempre: ayudas lineales, lo mismo para quien le hace falta que para quien le sobre. Eso es el epítome del estado ineficaz: como no soy capaz de saber realmente quién necesita y quién no ese QR para andar haciendo el saltimbanqui por León y Castilla, se lo regalo a todos, al que lo necesita al que le sobra y tampoco sé quién se puede pagar su billete o no, les meto a todos 60 euros al mes y así pagan todos. Los que pueden y los que no.



