La memoria política suele ser corta, pero los hechos permanecen. En su día, los concejales del Partido Popular de Astorga criticaron con dureza y estridencia el que un camión de recogida de basura del Ayuntamiento de Benavente, gobernado por el PSOE, prestara servicio de manera puntual en Astorga, también con un gobierno socialista. Se habló entonces de “chapuza”, de “improvisación”, de “falta de gestión”, se enviaron fotos a la prensa con descalificaciones y se cuestionó la legalidad de la colaboración entre ayuntamientos. Los ataques, por otra parte, hacia el alcalde benaventano, por prestarnos esta ayuda, fueron totalmente improcedentes.
Hoy, sin embargo, la realidad vuelve a poner a cada cual frente al espejo.
Aunque no ha sido hecho público por el gobierno municipal del Partido Popular, es ahora el Ayuntamiento de Astorga el que cede un camión de basura para garantizar el servicio en San Andrés del Rabanedo ante una avería. Y, de repente, lo que antes era un escándalo político se convierte en una solución lógica, responsable y necesaria.
¿En qué quedamos?
La colaboración entre administraciones para garantizar servicios esenciales no solo es legal, sino que es una práctica habitual y deseable cuando hay voluntad de cooperación institucional. Lo fue entonces y lo es ahora. La diferencia no está en el hecho, sino en quién gobierna.
Cuando gobernaba el PSOE, el PP criticaba.
Cuando gobierna el PP, el mismo gesto se aplaude o se silencia.
Esta forma de hacer política no responde al interés general, sino a una estrategia de desgaste permanente basada en la hipocresía y la falta de coherencia. No se puede condenar una actuación por sistema y luego reproducirla sin una mínima autocrítica ni explicación pública.
Desde Astorga, muchos ciudadanos se preguntan hoy si alguien del Partido Popular gobernante tendrá la honestidad política de reconocer que se equivocaron entonces o, al menos, de admitir que aquello que denunciaron como escandaloso era, en realidad, una actuación responsable.
Porque colaborar no es un problema.
El problema es criticar lo que uno acaba haciendo.
Y eso, por mucho que se intente maquillar, tiene un nombre muy claro: doble rasero.
Grupo Municipal Socialista



