La Catedral de Astorga acogió en la tarde del 27 de septiembre la ordenación diaconal, presidida por el arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz Montes, en una emotiva celebración acompañada por numerosos sacerdotes, religiosos, familiares y fieles.
Entre los sacerdotes presentes se encontraban el administrador diocesano, D. F. Javier Gay, y D. José Manuel Carrasco, director de estudios y responsable de la formación de Miguel durante su preparación para el diaconado permanente, así como numerosos sacerdotes que han sido sus profesores y lo han acompañado durante estos años y tres diáconos permanentes de la diócesis hermana de León. Concelebró también Mons. Rutilio del Riego, obispo auxiliar emérito de San Bernardino y natural de nuestra iglesia particular.
Especialmente significativa fue la presencia de la familia del ordenando. Miguel está casado y tiene un hijo, y tanto su esposa y su hijo como otros familiares quisieron acompañarlo en un momento que supone la culminación de varios años de discernimiento y formación al servicio de la Iglesia diocesana.
El rito de ordenación
Tras la proclamación del Evangelio tuvo lugar la elección del candidato, uno de los primeros momentos propios del rito de ordenación, mediante el cual Miguel fue presentado ante el arzobispo para recibir el orden del diaconado.
A continuación, Mons. Jesús Sanz Montes pronunció la homilía, en la que recordó que “en tu caso se da una vocación dentro de una vocación previa. Fuiste llamado a la vida cristiana, insertándote en Cristo y su Iglesia, desde el momento de tu bautismo. Ya como adulto descubriste tu llamada a formar una familia junto a quien es tu esposa, Sofía, a quien también agradecemos su apoyo en el recorrido que has hecho anteriormente.

Pero en vuestra vivencia matrimonial, bendecida por el regalo de vuestro hijo David y que permanece como vocación primera, fue apareciendo lo que el Señor iba preparando como una ulterior llamada en tu servicio a la comunidad cristiana, auténtico ministerio que nos remonta a los tiempos apostólicos, cuando surge entre los primeros cristianos esta necesidad ministerial que cubrirían aquellos primeros diáconos.
La vida no dejará que creas que todo lo que has previsto en tus años de discernimiento vocacional, o que nada te podrá desafiar, como si fueras al encuentro real de la vida real con todo contado, pesado y medido. Ábrete a muchas sorpresas. Vendrán esas novedades que pondrán a prueba tu fe, tu esperanza y tu capacidad de amar. Dios te sorprenderá ante situaciones jamás estudiadas en los libros, jamás explicadas por tus profesores, ni siquiera imaginadas en tus mejores ensueños o en las peores pesadillas para este ministerio.
Pero esa sorpresa nunca será para ti humillante. Sencillamente servirá para no dormirse, para volver a la brega, para llenarse de una gracia que es mendicante. Como mendicante deberás pedir cada día en la oración, dejándote provocar con misericordia por la gente a la que se te envía, sea cual sea su penuria, sus preguntas o su pobreza.
Quienes con verdad y sin trampas están dispuestos a ser verdaderos ministros del Señor, que se dejan enviar por la Iglesia sin pasar factura de sus intereses, de sus años de servicio, de su posición o prestigio social, son verdaderos ministros del Señor que sirven a los hermanos, como debe hacer siempre un diácono.”
Tras la homilía continuaron los ritos propios de la ordenación. Uno de los momentos más sobrecogedores se produjo durante el canto de las letanías de los santos, cuando Miguel se postró en el suelo de la Seo asturicense mientras toda la asamblea oraba por él y pedía la intercesión de los santos para el ministerio que estaba a punto de recibir.
Llegó entonces el momento central de la ordenación. Mons. Jesús Sanz impuso las manos sobre Miguel y pronunció la oración consagratoria, confiriéndole de este modo el sacramento del Orden en el grado de Diácono.

Ya como diácono, Miguel fue revestido con las vestiduras propias de su nuevo ministerio. D. Jerónimo Martínez Franco le ayudó a colocarse la estola de forma terciada, mientras que su esposa y su hijo participaron en el significativo momento de revestirlo con la dalmática, vestidura propia del diácono.
Seguidamente, el arzobispo de Oviedo le hizo entrega del libro de los Evangelios, signo de una de las misiones fundamentales que desde ahora asume: proclamar el Evangelio de Cristo y anunciarlo con su palabra y con su vida. Finalmente, recibió el abrazo de la Paz, signo de su incorporación al ministerio ordenado.
Su primera celebración como diácono
La Eucaristía continuó ya con Miguel Sierra ejerciendo por primera vez su ministerio como diácono permanente, asistiendo al celebrante y colaborando también en la distribución de la Sagrada Comunión a los numerosos fieles que quisieron acompañarlo en una jornada especialmente importante para él, para su familia y para toda la Diócesis de Astorga.
Al término de la celebración, el nuevo diácono dirigió unas emocionadas palabras de agradecimiento. Miguel tuvo presentes a su esposa, su hijo y el resto de su familia, así como a sus amigos y a todas aquellas personas que, de una u otra manera, han formado parte de su camino vital, de fe, discernimiento y formación hasta llegar a la ordenación.
También intervino el administrador diocesano, quien expresó su agradecimiento a Miguel por su disponibilidad y servicio, a Mons. Jesús Sanz Montes por haber presidido la ordenación, al presbiterio diocesano y a cuantos participaron en la celebración.
Por su parte, D. José Manuel Carrasco, responsable de su formación, se sumó a las palabras de gratitud e invitó a los presentes a compartir un ágape en el Seminario de Astorga, que tuvo lugar una vez concluida la celebración en la Catedral.
Una vigilia en La Bañeza como preparación
La ordenación estuvo precedida, en la tarde del sábado 26 de septiembre, por una vigilia de adoración en la parroquia de Santa María de La Bañeza, comunidad parroquial de Miguel Sierra Manteca.
Durante este encuentro de oración se celebraron las primeras vísperas del domingo y tuvo lugar la exposición del Santísimo Sacramento, ofreciendo al candidato, su familia y la comunidad parroquial un tiempo de oración y preparación inmediata para la ordenación que se celebraría al día siguiente en Astorga.
Al finalizar la vigilia, Miguel realizó la profesión de fe y el juramento de fidelidad ante el administrador diocesano, formalizando así los compromisos previos a la recepción del orden sagrado.
Al tratarse de un candidato casado al diaconado permanente, Miguel no realizó la promesa del celibato propia de quienes reciben el diaconado en otras circunstancias.



