Pasando el puerto – M. A. Macía
Es desesperante leer una y otra vez que se superan los máximos de recaudación fiscal. Duelen los titulares que destacan que el estado, en sus muy diversos niveles, nunca tuvo tantos saldos a su disposición. Y no porque desespere el pago de los impuestos, que asumimos inevitables, sino por la ineficacia de su posterior gestión. Cada catástrofe constata la inoperancia de unos recursos que se suponen entrenados y capacitados pero que mutan en nulos cuando la realidad se impone al simulacro. Bomberos mal pagados, condiciones laborales precarias, recursos inexistentes y caos. Mucho caos. Y para coronar, cuando el humo se dispersa, el espectáculo de la culpa, el ping pong de la responsabilidad y el tambaleo del sistema divido en tantas facciones como negligencias. No progresaremos jamás mientras se nos siga tratando como imbéciles. Mientras no se asuman las consecuencias del abandono planificado al que se ha condenado al noroeste. Mientras sigan ofreciendo, como ahora mismo, quince mil y pico euros para compensar tu casa quemada. Quince mil euros por tu casa. Sin sonrojos ni temblores.
