SIN PASIÓN – Eduardo Sáez
Andan juzgando en estos días en Valladolid un pleito que se ha denominado “Caso funerarias”. Parece ser que los dueños de unas pompas fúnebres estafaron a cientos de clientes cuyos familiares difuntos iban en un ataúd de determinado precio camino de la incineración. En un momento dado, el truco consistía en dar el cambiazo, introducir al fiambre en una caja poco más que de cartón y en el mejor de los casos de aglomerado, para que diera el pego desde lejos, se churruscara en el horno y una vez cumplido el trámite, se le entregasen las correspondientes cenizas a los deudos. Los féretros buenos volvían “al mercado” a ser vendidos en lo que en realidad era un alquiler por horas.
Porque es cierto, que vender un féretro en multipropiedad es algo que solo se podía haber ocurrido en Valladolid, pero más allá de la estafa que supone “dar aglomerado por caoba” esos funerarios eran un canto a lo que estamos vendiendo hoy a lo loco: la sostenibilidad.
El reciclado de féretros es el no va más de la economía circular. Va a tener razón Mañueco cuando dice que en Castilla y León hay grandes potenciales. Águilas que ven un negocio donde otros solo ven muerte.



