No puedo compartir la decisión de que Celada de la Vega abandone la histórica institución de los Procuradores de la Tierra. Creo sinceramente que sería un error romper con una tradición que lleva siglos formando parte de nuestra identidad y que ha unido a generaciones de vecinos de toda la antigua jurisdicción de Castrotierra.
Hay decisiones que no deberían tomarse solo pensando en los problemas del momento. Los conflictos pasan, las personas cambian y las circunstancias evolucionan, pero las instituciones que han llegado hasta nosotros después de tantos años merecen una reflexión mucho más serena. No pertenecen únicamente a quienes vivimos hoy, sino también a quienes nos precedieron y a quienes vendrán después.
Los Procuradores de la Tierra representan mucho más que una simple organización. Son una forma de entender la convivencia entre nuestros pueblos, de conservar unas tradiciones comunes y de mantener vivo un legado que nuestros mayores supieron cuidar durante siglos. Gracias a ellos se han transmitido costumbres, valores y un sentimiento de pertenencia que forman parte de nuestra historia. Renunciar a todo ello supone perder una parte de nuestra memoria colectiva.
También me preocupa que una decisión de tanta trascendencia pueda depender únicamente de una mayoría circunstancial en una junta vecinal. Las juntas administran un patrimonio que han recibido de generaciones anteriores y que tienen la responsabilidad de conservar y transmitir. Ese patrimonio no es solo económico; también es histórico, cultural y sentimental. Cuando se rompe un vínculo de esta naturaleza, recuperarlo resulta muy difícil.
A lo largo de la historia, estas instituciones han sobrevivido a guerras, cambios políticos, enfrentamientos y épocas mucho más complicadas que la actual. Su fortaleza siempre ha estado en la capacidad de mantener unidos a los pueblos por encima de las diferencias. Cuando aparecen desacuerdos, lo sensato es sentarse a hablar, buscar soluciones y corregir aquello que sea necesario, pero no romper con una tradición centenaria.
No podemos olvidar tampoco el respeto que debemos a nuestros antepasados. Fueron ellos quienes mantuvieron viva la representación de Celada en la tradición de Castrotierra, quienes participaron en las rogativas y quienes entendieron que un pueblo también se construye conservando sus raíces. Gracias a su esfuerzo hoy hemos recibido un patrimonio que no deberíamos perder con facilidad.
Por todo ello, pienso que Celada de la Vega debería seguir formando parte de los Procuradores de la Tierra. Defender nuestras tradiciones no significa vivir anclados en el pasado, sino reconocer el valor de aquello que nos ha unido durante siglos. Siempre habrá tiempo para dialogar, mejorar y adaptarse a los nuevos tiempos, pero romper definitivamente con una institución histórica debería ser el último recurso, nunca el primero.
Porque, al fin y al cabo, un pueblo no solo se define por lo que hace hoy, sino también por la memoria que conserva y por el legado que decide dejar a las generaciones futuras.
Juan Carlos Rodríguez Rubio – Alcalde de San Justo de la Vega



