El poder desgasta, sí. Sobre todo a quien no lo tiene. Giulio Andreotti. Primer ministro de Italia
Enrique RAMOS – Ilustración de CESARENE
Resulta un lugar común decir que es más fácil criticar que construir, de lo cual se deduce que la oposición a un gobierno es más viable precisamente que el ejercicio de la gestión. Suele decirse que no se equivoca más que quien toma decisiones y eso, casi siempre, es labor de quien tiene la responsabilidad de gobernar.
¿Seguro? Es posible que hacer oposición sin demasiadas ganas sea fácil y acomodaticio; pero hacerla y hacerla bien obliga a un trabajo que no todos los perdedores de una elección están dispuestos afrontar.
Porque, no lo olvidemos, hay muchas maneras de cuestionar lo que hace un gobierno: desde el incendiario que tiene como objetivo único tomar el poder y para ello no duda en la táctica de la tierra quemada, hasta el timorato que tiene miedo de criticar “por elegancia”, hay toda una panoplia de armas con las que afrontar la condición de aspirante al poder. Entre los primeros, amigos de la tierra quemada, podemos encontrar la famosa frase de aquel que cuando su partido ganó las elecciones llegó a ministro de Hacienda y ahora, una década después, le buscan las vueltas por corrupción: a Cristóbal Montoro le atribuyen el “que caiga España, que ya la levantaremos nosotros”. Stalin hizo algo parecido cuando dejó yerma media Rusia para que los alemanes no tuvieran ni gusanos de los que abastecerse. La otra opción es lo que vemos en Castilla y León desde hace cerca de 40 años de gobierno monocolor: una oposición rosa, con pocas ganas de ponerse a contar cuántas son dos y dos que se agarra a su privilegio de no ser nadie, oposición institucionalizada que como decían los progres de los 70, han llegado a la conclusión de que “contra Franco vivíamos mejor”.
Confieso que hay veces que pienso que esa oposición light que disfraza de urbanidad y buenas formas la infradocumentación y la pobreza argumental, está también enraizada en el Ayuntamiento de Astorga cuya gestión apenas se critica y cuando se hace en el foro municipal, lo es de manera muy poco contundente. También es cierto que para oposición “montoriana” (¿o montaraz?) ya tuvimos en este municipio la de la legislatura pasada con actuaciones que hicieron perder subvenciones de hasta 200.000 euros por la única ansia de sentarse en el sitial central del salón de plenos la Casona al precio que fuera.
De todas maneras, el epítome de la oposición blandita, como decíamos, está en Valladolid. La verdad, con la pila de años que lleva el PSOE ejerciéndola (también algún partido más, pero de manera poco más que accesoria), quizás podría haber aprendido algo más. Pero no.
La política de la Junta se fundamenta, desde tiempo inmemorial, en grandes anuncios que, como pompas de jabón, se van diluyendo en el ambiente. El cuadro flamenco de palmeros mediáticos formado por una prensa de regadío que sin la muleta del dinero público no podría vivir, se encarga de ejercer de espejo de la madrastra de Blancanieves y decirle a Mañueco (y antes a Herrera, y antes a Lucas, y antes a Posada y antes a Aznar) lo guapo y lo listo que es y lo bien que gobierna. Y los de enfrente, ante esta maniobra reiterada y repetida, aprietan los puños y se indignan. No miren, dediquen horas a mirar cuánto dinero de aquella medida que Mañueco y sus mariachis con sus turiferarios mediáticos anunciaron urbi et orbe se ha invertido; a quién le ha llegado; qué efectos ha tenido. Por qué en este territorio tan fecundo y moderno cada vez somos menos y cada año otras autonomías nos pasan por encima en riqueza y actividad. A lo mejor si se lo explican, la gente no es tan tonta como ustedes, señores de la leal oposición, parecen creer.
En el nivel superior tenemos otro modelo de hacer oposición, efectivamente, montoriano. Al gobierno central, la oposición (poco centrada), no hace más que decirle: “qué malos son ustedes; son sanchistas” (un adjetivo que estamos a medio año de que la RAE acabe por incorporarlo a su diccionario), y “quítense ustedes que me pongo yo”. Ya y ¿para hacer qué? Porque resulta que, disfrazado de izquierdas, este gobierno está aplicando medidas liberales y neoliberales que, a costa del empobrecimiento de las capas más bajas de la sociedad, hacen que cuadren las grandes cuentas del país; es decir, que están haciendo lo que haría el PP. Por eso el PP solo puede criticar los casos de corrupción, pero no la gestión y la economía.
Fue Giulio Andreotti el que corrigió el dicho de “el poder desgasta”. El factótum de la democracia cristiana italiana durante todo el siglo XX (sí, incluso durante la época fascista supo poner velas al dios de la democracia y al diablo musoliniano) acreditó mejor que nadie que lo que desgasta es estar en la oposición. A partir de los años 50, con la democracia italiana consolidada tras la Segunda Guerra Mundial, Andreotti, surfeó desde las más altas responsabilidades de la nación corrupciones de bancos, de suministros militares, de la construcción del aeropuerto de Fiumicino, de connivencia con la logia masónica Propaganda Due… nunca dejó de estar al timón de su país a veces de manera visible, y otras desde la sombra porque el poder se ejerce más fácilmente cuando enfrente hay poca contundencia.



