Aportó el concejal Juan Pablo Villalibre a los actos del Bimilenario, en 1986, la genial idea de la celebración de un circo romano. Con la incorporación en 2002 del acervo astur por Fernando Barriales, el original espectáculo se enriqueció, y ha llegado a nuestros días con su grandeza primera: una puesta en escena con números inspirados en la antigüedad y otros novedosos, por parte de la juventud. No era para nosotros, regidores, y para astorganos valedores de su patrimonio, ajeno a una nueva concepción de la ciudad, la cual, entre otros valores, pasaba por respetar y recuperar los vestigios de aquella, nuestra “urbs magnifica”, que administró un territorio del Cantábrico al Duero. De tal suerte que, con una gestión compartida con los constructores, palmo a palmo, se ha ido durante casi cuatro décadas rescatando un legado arqueológico, arquitectónico, que divulgamos como Ruta Romana. Debería celebrarse el 40 aniversario de esta festividad con su esencia: la recreación lúdica y la recuperación patrimonial, pues han ido al unísono. Los nuevos mandamases municipales lo han impedido: con la prohibición de instalar un excepcional mosaico romano en el habitáculo para él construido ante la biblioteca, y con una intencionada desatención, o influencia, para no ejecutar la excavación del área afectada por la descubierta necrópolis en la salida de la Vía Nova. En este aniversario, Astorga: “civitas laesa”.




