SIN PASIÓN – Eduardo Sáez
Más allá de los accidentes e incidentes ferroviarios de las últimas semanas, el ferrocarril en España, en los últimos treinta años ha tenido siempre una profunda carga política. Arma arrojadiza en especial en contiendas electorales empezó siéndolo cuando en los años 80 y 90 del siglo pasado se cerraron vías férreas (la Astorga-Palazuelo, pero no solo, porque también se cerró la Valladolid-Ariza, la Segovia-Medina o la Torralba-Soria).
Cuando llegan las elecciones, todos los partidos se acuerdan de requerir al que gobierna que reabra las líneas, pero cuando llegan al poder se olvidan de tales requerimientos, por más que los que pasan a la oposición se los sigan recordando de modo machacón.
El zipizape que tenemos en León con la línea de FEVE que tiene los raíles puestos y que no quiere que entre en el centro de la ciudad es la última. En tiempo de campaña, el que apaña, apaña y el que no, se apaña. El PSOE cendoniano dice que lo del bus va a ser provisional, pero que habrá tren, y el PP leonés no ha querido quedarse fuera y “ha tragado” con pedirle a la Junta que coopere en que el tren llegue. Desde Valladolid, tan reivindicativos ellos para otras cosas, llega el más atronador de los silencios.



