O éxito da palabra según a resistencia do papel – Anton Reixa. Músico y escritor gallego
Enrique RAMOS CRESPO
Los antiguos trenes de proximidad incorporaban un vagón furgón que servía para el transporte de lo que hoy conocemos como paquetería. Una de las cosas que transportaban aquellos trenes, antes de existir los procesos industriales de las factorías lácteas, eran las cántaras de leche recogidas en los entornos de las ciudades que llegaban a las urbes a primera hora de la mañana para su distribución en fresco. Los más antiguos aún llamamos a esos trenes madrugadores “el lechero” o “el tren de las lecheras”.
Ante la presentación de un proyecto (¿o solo es un dibujo?) vinculado a la reapertura de la Vía de la Plata y la creación de sopotocientos miles de metros cuadrados de suelo industrial que presentaron esta semana al alimón Ayuntamiento y Cámara de Comercio de Astorga, no he podido por menos que recordar esta vieja nomenclatura ferroviaria uniéndola al cuento de Samaniego de la joven que iba haciendo cuentas de lo que podría sacar con la venta de la leche que llevaba sobre la cabeza. Ensimismada en su proyecto, tropezó derramó la leche del cántaro, y se evaporó toda la ilusión de la emprendedora lechera.
Y es que hay que echarle valor a la vida para presentar una cosa hablando de ferrocarriles con la que está cayendo en el ramo en España en estos días, pero efectivamente, ya lo dice el clásico: la fortuna ayuda a los valientes. Además, el calendario electoral manda y hay que poner alguna zanahoria delante del asnal ejército electoral que nos acercamos a las urnas para elegir el 15 de marzo al lehendakari del lechazo.
La idea presentada, porque no se puede calificar de proyecto, tiene un coste estimado, para dos de sus actuaciones, dicen que de 35 millones de euros. Vamos a aceptar que no se nos ha caído el cántaro de leche, pero llegamos al mercado y resulta que como hemos sido los últimos, todos los clientes lácteos han satisfecho ya su demanda. Como mucho, vamos a poder vender nuestro producto en el mercado secundario, para cuajada y queso, es decir, más barata. Y ya empezarán a dejar de cuadrar las cuentas.
El mensaje de vamos a tener “más suelo industrial, logístico y no sé cuántas cosas más” es de mediados del siglo XX. Mientras los dirigentes que saben, hoy están en la pelea por captar centros de datos (ojo, que esto también tiene sus aristas y lo que reluce tiene menos oro del que cuentan), industria de TIC´s y desarrollos en inteligencias artificiales, aquí seguimos en la guerra de a ver quién la tiene más grande en metros cuadrados. Dijo el alcalde que el polígono actual está agotado porque solo quedan tres parcelas por vender. Pues muy mal, porque un paseo por la zona permite ver que en la última fase apenas hay media docena de naves edificadas y aun alguna de éstas, en alquiler, ergo la gestión de quien ha llevado el negocio ha sido manifiestamente mejorable. Con dinero de todos hemos dotado un área industrial que se ha malvendido a quien ha querido comprar sin reclamarle garantías de que ese suelo iba a tener un desarrollo empresarial que generase riqueza y empleo; otra burbuja (burbujita, que estamos en Astorga) inmobiliaria.
Y a pesar de todo lo dicho, reconozco el mérito de esta iniciativa porque, efectivamente, ya que soñamos, debemos soñar en grande, que ya vendrá “Paco con la rebaja” y tendremos que recortar nuestro plan de máximos, como suele pasar en todo en esta vida. Pero para soñar hace falta un poco más de fundamento y no solo un documento con unas infografías en “perspectiva caballera” como nos decían en las clases de dibujo técnico. Cómo será la cosa, que en tiempo de zanahorias ante la plebe votante, ni siquiera el tal Mañueco, reputado vendedor de crecepelo, ha sido capaz de comprometer nada concreto según reconoció el propio Nieto.
Lo decía Anton Reixa en aquel libro de poesía surrealista, pecadillo de juventud titulado “As ladillas do travesti”: el éxito de la palabra lo da la resistencia del papel (esta cita subtitular ya ha venido alguna vez más a esta sección por lo gráfica que resulta), y el papel, amigos, lo aguanta todo. Sería bueno saber si el documento presentado ha tenido algún coste y si ha sido así, quién lo ha pagado.
Porque por más que la memoria sea subversiva para muchos, uno no puede dejar de recordar otra notoria incursión ferroviaria de la Cámara de Comercio de Astorga por la reapertura del ferrocarril a Extremadura: encargaron un estudio de viabilidad junto con otras cámaras de comercio del corredor occidental en 1999. Aquello costó unos tres millones de pesetas de la época que, en sustancia, pagó la cámara astorgana, que lideraba aquella ofensiva. Lógicamente, el estudio dijo lo que quería que dijera quien lo pagó: que el corredor ferroviario era rentable y que su reapertura daría pingües beneficios empresariales. Se usó varios años para reclamar la reapertura hasta que a un ministro de Transportes, José “Pepiño” Blanco, se la dejaron botando, cortita y al pie: “pues señores empresarios; ustedes que son tan buenos en lo suyo y lo ven tan claro, ahí lo tienen. El Estado no les cobra nada por el uso del dominio público ferroviario: arreglen las vías, pongan trenes sobre ellas, circulen y muevan mercancías y personas. Y ganen dinero”. El atronador silencio de respuesta de las cámaras de comercio llega hasta nuestros días y han pasado más de 20 años.



