SIN PASIÓN – Eduardo Sáez
Un historiador acaba de descubrir en el archivo militar de Ávila un proyecto de estatuto de autonomía redactado en plena Guerra Civil que pretendía crear una región que agrupase las entonces provincias de Asturias, León, Zamora y Salamanca.
Si el papelito en cuestión hubiera aparecido en 1980, podríamos haber invocado la condición de “autonomía histórica” como hicieron Cataluña, que tuvo su gobierno regional propio; el País Vasco, que también, pero al ser ya durante la Guerra Civil además de durar poco, fue muy tormentoso. Pero sobre todo Galicia, que fue reconocida en ese historicismo autonomista por haber tenido el estatuto gallego votado por su población pero nunca desarrollado por el estallido de la Guerra y más Andalucía, que llegó a tener un estatuto redactado por Blas Infante y que ni siquiera llegó al trámite de consulta popular. Exactamente igual que el astur-leonés.
Sin embargo, es una ucronía demasiado improbable: en aquellos inicios de la democracia hubo agentes como Peces Barba domesticando al socialismo castellano o Martín Villa haciendo lo propio con los alcaldes posfranquistas de la Cazurrería de UCD en el hostal La Paz de Celada, que incluso con el papel ahora aparecido en Ávila habrían hecho pajaritas para orinarse en la voluntad popular.



