Pasando el puerto – M. A. Macía
Si tuviéramos un expeditivo ordenamiento de efemérides ya se habría declarado que el dos mil veintiséis se pronunciara Gaudí. En todas las instancias, incluso las correlativas numéricas. El centenario del fallecimiento del genial arquitecto bien merece alterar la lógica de las palabras y en su recuerdo el año debería ir cosido al genial don Antonio igual que el noventa y ocho se fundió con la pérdida colonial o el veinte con el covid. La memoria de este arquitecto adelantado y visionario justifica el gesto. Nadie como él levantando construcciones tan fascinantes y enigmáticas. Tan perfectas, innovadoras y bellas. Las instituciones hacen esfuerzos para acercar más su genial figura. Libros, cursos, real decreto declarando Acontecimiento de Excepcional Interés Público, homenajes que servirán para empapar a la población con la obra y persona de Gaudí hasta lograr que no quede nadie indiferente ante el artista grandioso. La suerte de Astorga, porque esa sí que fue una pedrea sin comprar décimo, de disfrutar parte de su obra justifica todos los esfuerzos municipales y de cualquier entidad por aportar ideas y movimientos para que Gaudí presida este año. Para que si regresa compruebe, ya desagraviado, que no queda nada de aquella ciudad criticona y hostil que no llegó a comprenderle por avanzado y rompedor. Dónde va a parar.



