LAS TORCAS – Isidro MARTÍNEZ
Y se hizo la luz. ¡Guau! Se fueron los pendones y la fachada del palacio municipal estrenó iluminación de sus piedras. Una efectiva e imaginativa presentación lumínica.
El palacio de Gaudí, en su año especial, también ofrece luz y música. Un espectáculo de diez minutos que impacta por los cambios del color de la iluminación y por el descubrimiento nocturno de ventanas, ojivas, torres y recodos. ¡Así, sí!
El encuentro de pendones llenó el centro de gente y de música. Tamboril y castañuelas maragatas, con o sin traje tradicional, y gaitas en grupo o casi en solitario para acompañar el baile de las varas. Novedades: unos cuantos pendones, de menor envergadura y al menos cuatro portados por mujeres, llegaron de la otra parte de la provincia como Calzada del Coto. También del extremo este, como Navianos. Mientras, en Toralino coexistía otra convocatoria pendonera. En casi todos, la camiseta que identifica el pueblo de los mozos y mozas del pendón y grupo acompañante.
De Astorga tres pendones, aunque la locución se hiciera un lío, además de la pedanía de Murias de Rechivaldo. En Tejados tienen dos o tres varas de madera, como manda de la tradición, pero pasearon con vara de aluminio ¡que pesa menos! Los cruces de cables en las calles siguen atosigando a las varas enhiestas… por si fuera posible dejar limpio el cielo astorgano.
Y llegó la noche o similar. El alcalde Nieto, que en su actividad laboral es empresario, lo entenderá a la primera. Si puedes hacerlo aquí, por precio similar y fomentando el progreso a tu gente, no lo busques fuera. Porque el desacuerdo, si existiera, no aporta futuro. Explicación: existen en Astorga empresas que pueden manejar e imprimir el programa de fiestas. En los últimos años no se ha hecho aquí. Si además compiten por la publicidad con los medios informativos locales cuando financia el Ayuntamiento, todavía peor.
Y dos. Los generadores de energía para orquestas en la plaza y similares llegaron durante años del alquiler astorgano. Ahora se consiguen en la vecindad. Pues parece así, sin conocer el expediente de esta contratación directa, que podría usarse la alternativa más lógica: “compra en Astorga”.
Y se hizo noche cerrada. O, quizá, solo es un chiste que no he entendido, para enmarcar las fiestas 2026. Me aborda, de sopetón, una señora en la biblioteca: “¡Podía haber pasado el corrector! ¡Es gratis y viene de serie en el Word!”. Su argumento tiene tanta razón que no se comprende la chusca redacción. El programa en papel de las fiestas aporta tantas erratas, tantos acentos olvidados, tantas mayúsculas sin usar que alguien debería presentar disculpas.
A no ser, repito, que todo sea un chiste o un concurso para identificar fallos. Se llevaría el premio el que más gazapos encontrara en tan nimio texto. Porque la vida tiene suficientes alicientes para buscarle cuatro patas al gato de la ortografía o la escritura. (Que, además, olvidaran reseñar varias presentaciones de libros sería minimun peccatum en este despropósito. Cuestión final: la mano del chapista del cartel ¿tiene cinco o seis dedos? Por continuar con las adivinanzas).
Entierro de primera, con 300.000 euros en los fastos, para la inhumación del foro romano. Pido placa en pared: “En el memorable año de 2026, los muros del foro de Asturica Augusta fueron enterrados bajo losa de hormigón desactivado y poblado el diáfano espacio resultante con bancos de fundición dúctil. En mármol permanecerá esta acción para la eternidad”. Astorga, a…
Experiencias previas: el mosaico del parque Arqueológico lo visitan en agosto diariamente media docena de grupos de turistas. Los restos romanos que lucen bajo el suelo de cristal de Alimerka, sección panadería, no los reconoce nadie. En pocos meses, la plaza del Foro (¡al menos respetarán el nombre de origen!) lucirá esplendorosa y vacía, tan ajenos los viajeros a ella como a los trajes de gladiadores astures y romanos del tenderete aledaño.
Y tres: el que mandaba en 1999, Perandones, enterró con beneplácito de Patrimonio, supongo, los restos de la ermita paleocristiana ubicada detrás de la iglesia de Santa Marta, en la entrada auxiliar de la Catedral. Como consuelo dibujaron en el pavimento, con losetas grises, los cimientos del templo. Pero una piedra, aunque tenga malas hierbas en verano, vale más que dos mil placas explicativas. Nadie se fija en la arqueología que debe imaginar. No tiene contenido, solo una pésima decisión. ¡Y no aprendemos, señora!
Hoy damos vueltas al exterior norte de la Seo asturicense. Pedro Mato tiene la pierna derecha mermada. No sé si fue el escultor medieval, el paso de heladas y calores sobre la piedra durante siglos o una ilusión óptica, pero la estatua más citada y vista de la ciudad parece estar coja.
Fin por hoy: en la entrada la Catedral, al lado de la imagen de la Virgen sobresaliente por su color marrón, en su entorno falta un ángel de piedra. Ella tal vez no lo necesite, pensará el creyente, pero el lugar mejoraría con las dos esculturas. Solo por programar futuros trabajos e inversiones.
Son tiempos materialistas, como todos los anteriores y, como siempre, la poesía se abre paso entre abrojos, por grietas inverosímiles. El miércoles, la astorgana Mercedes G. Rojo, incansable con libros y poemas, protagonizó en Casa Panero un recital con su penúltimo poemario: “De este lado de la luz”. Las palabras rítmicas y sugerentes las pespunteó con sus notas de música, Manuel Bonilla. (Más presentaciones de libros: ver programa fiestas).
En Santa Catalina, donde reside con José Ore, Nuria Antón crea poemas y recrea versos mientras talla piedras, porque de la contradicción de la dureza de la escultura y la calidez de la poesía aparece el arte. Los fines de semana se trasladan a su museo/tienda de Castrillo de los Polvazares, Galería Grupo 18, para vender y, sobre todo, dejar ver esculturas de Antón y las creativas opciones de hierro o cobre o acero que es capaz de concebir y materializar Ore. Es el espacio de la ternura, o lo parece.


