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Diario Impreso Independiente de Astorga y sus Comarcas
viernes, enero 23, 2026

La sociedad liofilizada

“Las masas modernas lo soportan todo menos la incomodidad material, física.”
Manuel Chaves Nogales. Periodista español

Enrique RAMOS CRESPO

Leo en los últimos días un titular que quiebra el límite de mi capacidad de sorpresa, que yo pensaba irrompible a estasalturas: “Roig, viento en popa en su proyecto de terminar con las cocinas” ¿Comoooo?
El cuerpo de la noticia desarrolla que el magnate valenciano de la distribución proyecta inundar el mercado de comida preparada a través de sus tiendas Mercadona (la ampliación en curso del supermercado de Astorga tiene que ver con la incorporación de esa línea de nuevo producto). Más allá de que tampoco sea un invento del señor Roig y que en muchos supermercados se lleve vendiendo comida preparada mucho tiempo, lo llamativo del titular es la arrogancia de quien paga esa publicidad encubierta y subliminal: “soy tan estupendo que voy a ser capaz de cambiar los hábitos sociales no de una generación, sino de la propia especie humana”, nos está diciendo.
Y ¡ojo!, que conociendo al pollo tomatero en cuestión, seguro que tiene en mente ya hacer negocio con esas cocinas que no vamos a usar. A lo mejor inventa una agencia de dormitorios-patera de alquiler donde hoy cocemos alubias.
Paso a paso, van consiguiendo la distopía que retrató Orwell en su 1984 (es el título del libro, señor Feijóo, no el año de publicación). Ya tenemos un gran hermano que guía nuestras pulsiones más íntimas a través del algoritmo que ese chivato indecente llamado teléfono móvil va dictando a los que mandan en todo esto; tenemos una sociedad de castas donde el ascensor social se ha roto definitivamente (como bien vaticinaba hace cuarenta años Evaristo Páramos, el vocalista de La Polla Records: “todos en el mismo carro: ellos arriba y yo abajo”) y ahora, para que no protestemos, van a conseguir que ni siquiera se nos quemen los filetes. Usted limítese a producir en lo que está asignado por la sociedad, de todo lo demás ya nos encargamos nosotros. Orwell no lo soñó con tanta precisión: la sociedad como un gigantesco establo de vacas cuya única función es dar leche; cuando la vaca se seque, al matadero. Ni siquiera esperamos ya otra orwelliana rebelión en esa granja.
Este proceso de ingeniería social recuerda mucho a la liofilización, esa manera de extraer todo el jugo a los alimentos para que duren mucho tiempo: subliman lo mejor que somos y ese concentrado etéreo lo solidifican de nuevo, pero ya sin humedad para que perviva en el tiempo. Sin el mismo sabor, sin el mismo aspecto. Sin riesgos.
Porque pensar que alguien puede erradicar las cocinas de nuestros domicilios, no es una frikada de un abuelete más o menos iluminado. Es un objetivo al que nos encaminamos porque esas iniciativas de ingeniería social nos han llevado al punto en que hoy, es posible ejecutar lo que hace cuarenta años parecía una barbaridad.
Empezamos comprando pollos asados en la calle, después llegaron las pizzas, ahora todo eso y cualquier cosa que se nos ocurra nos lo traen a casa, incluso a través de empresas que han hecho del reparto de comida un negocio lucrativo (para ellas) y explotador (para los transportistas y los restaurantes) al mismo tiempo.
Decía Dalí que “no hay que empeñarse en ser moderno; por desgracia, hagas lo que hagas, es la única cosa que no podrás evitar ser”. Volviendo al símil de las cocinas, los que aún tenemos memoria gustativa coincidimos en que no hay como la comida hecha en una chapa de carbón, la “bilbaína” de toda la vida. Pero hoy, casi nadie se puede permitir tener una chapa de carbón en su casa ni tiempo para aquellos guisos de tres horas. Ahí está el proceso de liofilización social; vamos perdiendo, en nombre de la modernidad cosas que se quedan, en el mejor caso, en el recuerdo. Y siempre en nombre de la comodidad y de la inmediatez, como apuntó el gran periodista Chaves Nogales, observador certero del giro totalitario de sociedades de entreguerras.
En este mundo líquido, para entender algo hay que volver a la filosofía de trinchera de Evaristo Páramos. Cantaba en aquellos convulsos años 80: “si eres joven y rebelde, Coca Cola te comprende”. Da igual que queramos ver el mundo de otra manera: sea vegano y el mercado pondrá a su alcance millones de productos para comer sin tocar animales (eso sí, con un gasto de agua y energía mayor que el que cuesta mantener y criar una vaca durante cinco años) y su conciencia estará limpia. Sea buen ciudadano y separe su basura, da igual lo que hagan con ella partir de cierto momento: usted lo intentó…. El tinglado está tan bien montado que hasta nos ofrece millones de coartadas. Por supuesto, todas a su precio.

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