SIN PASIÓN – Eduardo Sáez
Desde que nos vendieron la llegada de los trenes rápidos como la octava maravilla del mundo, el mundo de la información patria ha empezado a cultivar con fruicción lo que podríamos denominar un nuevo género periodístico: el parte ferroviario.
En su momento, el honor de aparecer los trenes en las páginas de los periódicos prácticamente estaba reservado a los descarrilamientos, si era con víctimas, más tinta. Pero ¿por retrasos? Hacer noticia de que el Catalán acumule cuatro horas de retraso en Astorga porque una tormenta inutilizó los sistemas de seguridad semafórica en Zaragoza (peripecia vivida por un servidor en 1990) hubiera sido inusitado en aquel tiempo. Y no hablemos del tren de FEVE, que lo habitual era que llegara a León de su periplo por el piedemonte de la Cordillera Cantábrica con al menos dos horas de retraso
Pero nos vendieron la burra de que el costoso AVE, que se está llevando por delante el resto de los servicios ferroviarios, iba a ser la octava maravilla del mundo; que íbamos a llegar a los sitios más rápido que en avión, y, si teníamos oportunidad de viajar en un día con poca densidad de personas, hasta barato. Y como nos lo creímos, ahora viene Paco con la rebaja. Las grandes expectativas tienen el riesgo de dar grandes decepciones y si el Alvia que venía de Gijón trae una hora de retraso, sale en los papeles. Ellos cebaron la bomba.




