No miente tan solo aquel que habla en contra de lo que se sabe, sino también aquel que habla en contra de lo que no sabe – Fiedrich Nietzsche. Filósofo alemán
Enrique RAMOS CRESPO
Las inminentes elecciones autonómicas de dentro de menos de un mes nos van a volver a dejar una imagen que ya hemos visto en las recién pasadas de Extremadura y Aragón. Los medios de comunicación nacionales despliegan en la noche electoral un “set”, como llaman los finos a un estudio portátil, y sientan en semicírculo a sesudos periodistas a perorar durante horas de los resultados; primero los previsibles, después los previstos, finalmente los efectivos y como coda y estrambote, las consecuencias políticas.
Lo bueno de estas cumbres de analistas, muy listos todos ellos, es que son elementos monodiscurso, que siguen repitiendo hasta la náusea los mismos argumentos que llevan vociferando desde la precampaña. Otro de los elementos que los convierte en comunes, es su procedencia. En su inmensa mayoría provienen del interior de ese cordón vasoconstrictor llamado M30 que priva de sangre a los cerebros de buena parte de la prensa madrileña.
Así, que, municionado el “set” al gusto del director del invento, y tras la nómina de gacetilleros madrileños, se suele reservar un espacio para un periodista de la comunidad autónoma afectada. No hemos llegado todavía al extremo de meterlo en una jaula y echarle cacahuetes, pero en unas pocas convocatorias electorales más, el gacetillero periférico acabará ubicado como una mascota para “cumplir con la cuota” entre sus colegas llegados de Madrid.
Y no digo yo que no venga bien tener una visión desde la distancia de lo que nos pasa; a menudo es útil saber cómo nos ven los demás porque nuestro día a día nos ensimisma demasiado. Pero hacer de eso tabla rasa y que nos lleguen desde fuera a explicar lo que somos y lo que votamos, es un desprecio demasiado evidente. Como si la capital estuviera en la obligación de tutelar a las provincias.
Quizás nos lo hemos ganado a pulso. En demasiadas ocasiones, las taifas autonómicas de este país, no son sino campos de batalla de lo que se sustancia en la “almendra” de la M30. Un partido pacta o no con otro el gobierno en una comunidad autónoma dependiendo de lo que le dice su correa de transmisión de las sedes madrileñas. Así, pues, no es de extrañar, que vengan a Castilla (a León no, que ya no valemos ni para eso) los periodistas de Madrid a hablar de lo que ignoran, porque lo que les interesa es lo que va a decidirse al lado de su lugar habitual de trabajo y no si el ambulatorio de Astorga tiene o no especialistas.
Además, en estos casos, y en una comunidad tan vasta, es muy difícil conseguir una mascota que sea representativa de toda la grey periodística de las nueve provincias. Al final, normalmente se tira por la calle del medio, y se pone a un periodista de Valladolid, (y en Aragón de Zaragoza y en Extremadura de Cáceres) que es lo más socorrido. ¿No queríais caldo centralista? Pues dos tazas.
No se puede olvidar que en esta situación, recurrente en cada una de las citas electorales programadas, y aún más cuando no coinciden con otra convocatoria como las municipales, el interés y el debate sobre lo que se quiere y se puede hacer en el territorio en el que se va a votar, acaba hurtado por ese ensombrecimiento “nacional”.
Los que el día 15 de marzo llegarán a Valladolid a vaticinar cual Pitonisa Lola de la politología que repercusiones tendrán nuestros comicios, no hablan de qué sanidad tendremos, ni qué educación, ni qué carreteras ni qué servicios sociales. Les importa si Feijóo, Sánchez o Abascal salen debilitados o reforzados de estas elecciones. Y cuando los candidatos locales intentan bajar el debate a los asuntos de interés de la gente normal, son los propios periodistas los que le roban el protagonismo preguntando por el efecto que tendrá en Madrid la onda del estanque con una piedra que se lanzó en Soria.
Hace unos días escuché precisamente a Alfonso Fernández Mañueco decir que su objetivo en esta campaña electoral era hablar de los temas que atañen a Castilla y León. Me congratulo enormemente de este raro acceso de cordura. Supondrá, en todo caso, que desplazar el debate a lo que pasa allende el puerto del León no le favorece, pero incluso si su decisión es por mero tacticismo, bienvenida sea. Ahora solo espero que esos buenos deseos no sean flor de un día y no volvamos a hacer de los espacios electorales un ring de barro.
Y aún digo más entonando el mea culpa. Si los políticos no hablan más de lo que le interesa a la gente es, precisamente, por culpa de los periodistas, que no queremos, no podemos o no sabemos modificar el rumbo de un discurso que está hecho para tratar de perpetuarse en el poder los campeones o para quitárselo y durar tanto como ellos los aspirantes.


