PIEDRA DE AFILAR – Enrique Ramos
Un calificativo que sobrevive a su origen define como Abuelo Cebolleta a quien se recrea en contar historias del pasado, normalmente con escaso interés para el auditorio. Y aunque la palabra se sigue usando, pocos quedamos ya que sepamos de dónde viene tal apelativo. La familia Cebolleta, con su abuelo narrador de pretéritos, era una banda diseñada del genial Vázquez que en los tebeos desde los años 60 a los 70 del siglo pasado, encandiló a niños y jóvenes.
El preámbulo viene a que un consejero de Madrid justificando su inacción ante el calor en las aulas, explicó su época escolar-canicular en Murcia y acto seguido detalló cómo mandaba a sus niñas al colegio ligeritas de ropa. Más allá de la pertinencia o no de tal intervención ¿alguien se cree que al personal le importa una higa dónde y cómo pasó su infancia el sujeto? ¿Te cuento yo mi mili? ¿Mi boda? ¿Mi embarazo?
Pues sí. Lo cierto es que somos muy dados a contar todos esos rollos infames de tiempos del cuplé. A referir lo que estudiábamos, lo que hacíamos, la disciplina a la que nos sometía o con lo poco que pasábamos nuestra feliz infancia para tratar de buscar analogías con lo actual tratando de demostrar, normalmente, qué flojas y que mimadas son las gentes de hoy en día. También nos lo hicieron a nosotros, así que, antes de ejercer de abuelos Cebolleta, a ver si nos lo pensamos dos veces.




