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viernes, julio 10, 2026

Bajas y rebajas

«Si no necesitas trabajar para comer, necesitarás trabajar para tener salud». William Penn. Filósofo británico

Enrique Ramos Crespo – Ilustración de CESARENE

Se revuelven la opinión pública y la publicada con la penúltima “tirada de dados” (a ver qué sale) del líder de la oposición, que no ha hecho sino dar voz a lo que muchos piensan: las bajas médicas, que correctamente dicho son incapacidades laborales transitorias (ILT) son un coladero para el absentismo laboral. Y como los políticos se supone que están en su puesto para tener ideas rutilantes, don Núñez Feijóo, que es quien ha puesto el cascabel al gato de lo que otros se han callado, ha propuesto que la gente que está de baja cobre menos con la siguiente lógica: “si cobro lo mismo de baja que trabajando, para qué voy a trabajar”.

Como tampoco se puede esperar gran finura dialéctica ni intelectual del sujeto, hay que recordarle, que durante un periodo de baja, ya se cobra menos que trabajando (el 60% de la base reguladora) y quienes conservan su salario es porque tienen unos convenios favorables negociados con su empresa, siendo la propia compañía la que corre con la diferencia: ¿va el señor de la política a decirle a una empresa cuánto puede y cuánto no puede pagar a sus trabajadores, en activo o de baja? Parece que no. Como si le quieren pagar el sueldo íntegro aun sin asomar los hocicos por el puesto de trabajo, como le ocurre al propio Feijóo, que ha faltado al parlamento el 58% de los días que tenía que acudir

En todo caso, es cierto que más allá del brochazo gordo de a quien no puede pedírsele mucho más, hay una percepción general en muchas capas de la población de que las ILT se conceden con una manga excesivamente ancha haciendo de ellas una herramienta indispensable para convertir en legal el escaqueo del puesto de trabajo. Claro, que si alguien que no debería estar de baja lo está gracias a que su médico no es excesivamente escrupuloso, de lo que estamos hablando es de un fraude de ley y quien debe hacer cumplir esa norma es precisamente la Administración. Pero como en tantos otros ámbitos, no hay capacidad de inspeccionarlo todo y de detectar esos posibles fraudes. Aún más: tengo para mí que a la Administración le resultaría tan ineficiente tener un sistema de inspección para estos casos que sería más caro que el rendimiento que se podría sacar de ello. Y es que no olvidemos, que esos controles, a largo plazo ya existen: pruebe usted a estar de baja durante más de un año seguido, aunque sea de contingencia común, a ver qué le pasa.

No es menos cierto, que esa sensación que tiene mucha gente tiene un sustrato real que, además, genera una brecha social notable: desde el que tiene autoprohibido ponerse enfermo y va a trabajar aunque sea arrastrando los intestinos (y no solo autónomos) al que ha pervertido el uso de esta herramienta hasta el punto de decir “me cojo la baja” como si fuera él quien tiene la última palabra, se va abriendo un abismo donde los que llaman aprovechados a los unos son motejados de tontos por los anteriores

El problema es que la alternativa ya la tenemos y ya sabemos cómo funciona. Las mutuas de accidentes de trabajo son una especie de garrapata que se adhiere al trabajador que ha sufrido un accidente laboral y está de baja, presionándolo hasta la extenuación para que vuelva a su faena cuanto antes, esté o no esté totalmente curado. Pero las mutuas, efectivamente, son empresas privadas, y cuanto más tienen que pagar en terapias y en bajas al accidentado, menos ganan. Teniendo en cuenta la farmacopea social de la que suelen echar mano determinadas tendencias políticas para “arreglar” problemas, es para sospechar que en algún think-tank están pensando en privatizar también el sistema de bajas de contingencias comunes dándoselo a las mutuas o a una cosa parecida. Pero claro, le han confiado al más tonto soltar el globo sonda, y se ha hecho un lío.

La experiencia demuestra que aunque lo dijera el presidente de EE.UU George Bush (hijo), talar bosques como remedio para prevenir incendios forestales, no suele funcionar. En un mundo de relaciones laborales muy desregulado como es el norteamericano, las bajas médicas remuneradas son escasas y en su práctica totalidad dependen de la calidad del seguro privado suscrito (y pagado). Así, la mayor parte de la gente, cuando enferma, acaba yendo al trabajo aunque no esté en las mejores condiciones; para soportarlo, se “dopa” con analgésicos o antiinflamatorios cada vez más potentes y de esa manera hay quien asegura que llegó la plaga del fentanilo, ese opioide que se lleva al camposanto a unos 200 esclavounidenses cada día y que hubo quien empezó a tomarlo para aguantar dolores.

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