PIEDRA DE AFILAR – Enrique Ramos
En el patio del colegio, el niño más grande, multirrepetidor y algo lerdo, que saca tres cabezas a sus compañeros, los atemoriza repartiendo coscorrones de manera aleatoria y quedándose con sus bocadillos y el dinerito de bolsillo que les dejan sus padres.
Un día su acoso le sale mal y uno de los que había aguantado con peor semblante y peores modos que los demás, le planta cara. El gran bobo no da crédito y al segundo empellón, el aparentemente débil se rebela y el acosador, se ve sometido y tiene que aceptar que no volverá a esos pasos. Como no puede apearse de su chulería, pretende aparentar que, pese a todo, ha ganado, pero el contestatario, además, ve la ocasión de conseguir que no solo no le acose más a él, sino tampoco a otros de sus amigos que eran especialmente presa de semejante ogro. El ogro traga e incluso una caterva de pelotilleros que a su alrededor le reían las gracias, se la envainan y empiezan a perderle miedo y respeto.
Si ahora cambiamos al ogro grande y lerdo por Donald Trump, al acosado respondón por Irán y al resto de los actores por quien se nos vaya ocurriendo, podemos explicarnos lo que pasa en el mundo sin tanto cuñao mediático de la geopolítica.



