Pasando el puerto – M. A. Macía
La pasada semana publicaba un medio leonés una entrevista con el señor Sebastián en su calidad de comisionado del corredor atlántico; cargo éste que suena tan oceánico como indeterminado en cuanto a su misión. Por resumir parece que se encarga de lo del transporte ferroviario en el noroeste aunque su mayor ardor lo vuelque en el Cantábrico y especialmente en los territorios con nacionalismos, fueros y vara alta de esta España tan desigual como progresista. La entrevista, entiendo que concedida para informar acerca de las imprescindibles infraestructuras que deberían vertebrar el noroeste, se limitaba a reñir. Reñir a quienes proponen inversiones, reñir a quienes apuestan por el desarrollo y reñir en general. Se enfada para justificar la negativa a conceder a esta tierra lo que dispone para otras. Se enfada al descubrirse que está entreteniendo al noroeste con sesudos estudios técnicos sin ninguna ejecución aplazados con escusas de mal pagador. Se enfada porque urgen infraestructuras que niega por falta de inversiones convirtiendo la planificación en una reedición del debate del huevo y la gallina: primero empresas y luego trenes o al revés. Se enfada, en fin, porque está desnudo y porque algunos ya lo llaman comisario político en vez de comisionado y eso, en el argot ministerial, suena mal. Pues cálmese y siéntese a ver pasar trenes por Vega que fortalece la paciencia, de la que León está sobrada.



