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jueves, septiembre 10, 2026

El eclipse de Panurgo

Donde todos piensan igual nadie piensa mucho. Walter Lippmann. Periodista y filósofo estadounidense

Enrique RAMOS CRESPO – Ilustración de CESARENE

Uno de los relatos del celebrado Gargantúa y Pantagruel de François Rabelais narra el episodio de Panurgo, un estrafalario viajero del que se ríen unos tratantes de ganado que comparten con él pasaje de un barco en el que, además transportan a sus rebaños. Panurgo, para vengarse, identifica al carnero-guía del rebaño y se lo compra a uno de los ganaderos por una suma notable. Desde que es suyo lo arroja al mar, y tras él, siguiendo al guía, van todas las demás ovejas, perdiendo así su patrimonio los que se habían burlado del avispado extravagante.

También en España, pero sobre todo en Francia, la expresión de “Los borregos (o el rebaño o los carneros) de Panurgo” sirve desde que Rabelais la hizo novela en el siglo XVI para ilustrar el comportamiento gregario de las sociedades. Viene a ser la misma expresión de los padres tan vieja de “y si tu amigo se tira por un barranco, ¿tú también te tiras?” que manejamos de ordinario por aquí, solo que mejor contado y con literatura de la buena.

El circo que se está montando en medio mundo, al menos en el hemisferio norte con el espectáculo del eclipse de sol del próximo miércoles recuerda mucho a la maniobra de Panurgo: vamos todos, esperamos que no hacia la muerte como el resto de las ovejas, siguiendo la estela del carnero-guía-eclipse. Vaya por delante que no cuestiono la condición de histórica del evento sideral y me parece lógico que el personal quiera presenciar algo que lleva más de un siglo sin ocurrir. Aún más: me parece también razonable que las administraciones, como ha hecho el ayuntamiento de Astorga, desarrollen recomendaciones y organicen el avistamiento para que éste sea ordenado y seguro. Por cierto, que en el caso de Astorga especialmente bien diseñado con una asesoría científica muy pertinente y divulgativa y el respaldo municipal sin reservas.

Lo que realmente me llama la atención es la ingeniería social que se está desarrollando alrededor de este acontecimiento. Desde hace varios meses es casi imposible encontrar una habitación en esa franja territorial del  noroeste al este peninsular en la que se verá mejor y, de hecho, una plataforma de reservas hoteleras en internet ofrecía el pasado miércoles una habitación para la noche del día 12 en un establecimiento astorgano ¡por once mil euros! Se han hecho viajes desde todo el mundo para avistarlo desde su entrada en el continente europeo por Galicia y el personal está dispuesto a gastarse la hijuela por minuto y medio. Casi, casi, el orgasmo de Panurgo.

Sin embargo, y en contra del famoso proverbio oriental atribuido a Confucio de “Cuando el sabio señala a la luna, el necio mira el dedo”, aquí los que las están viendo venir son los que estudian a los que miran al cielo. No solo los que han hecho caja con el pelotazo del astroturismo vendiendo viajes, alojamientos y hasta cenas temáticas al aire libre; sino especialmente los sociólogos de masas que siguen estudiando nuestros comportamientos gregarios como colectivo.

Quienes están mecanizando el algoritmo de nuestros teléfonos móviles para decirnos qué tenemos que comer, beber, pensar o votar (en suma, comprar) se han encontrado en el eclipse una soberbia macroencuesta que, encima, les está saliendo gratis, al menos en el trabajo de campo. El desarrollo de estos estudios es tan fino y tan útil que no va a terminar en el minuto y medio que dura el evento. Los que pilotan nuestros hilos sabrán qué fotos hemos hecho; si creemos que la cosa ha sido el acabóse o si pensamos que no fue para tanto; el efecto en nuestro humor… Alguien lo dijo en una red social: “mucha recomendación de gafas homologadas, pero no he escuchado a nadie recomendando que vigilen sus bolsillos traseros, sus bolsos y que no dejen descuidadas sus pertenencias”; nos pueden robar el móvil si no tenemos cuidado, pero aunque lo tengamos, ya nos han secuestrado la voluntad.

Un elemento aparentemente inconexo con el movimiento del eclipse pero que tiene mucho que ver con esta capacidad de generar desplazamientos colectivos aún colea por las calles de Ceuta. Alguien le dijo a miles de personas deseosas de entrar en Europa, que nadando cincuenta metros lo tenían hecho. Y se tiraron al agua, a veces con niños que apenas caminaban subidos a un flotador. Era mentira, los devolvieron prácticamente a todos, pero alguien ha tomado nota de esa maniobra y de cómo funciona la mente humana amparada en la masa. Cuántos son capaces de hacer qué y por cuánto. Es el mercado, amigo.

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