SIN PASIÓN – Eduardo Sáez
No se me altere el patio; este es un marxismo “sector Groucho”. El barbado alemán y su teoría han salido a escobazos hasta de las cátedras y lo que queda de Marx es, sobre todo, el resto cinematográfico a veces ácido, a veces absurdo, de los hermanos norteamericanos del mismo apellido.
En León capital, las gentes del PSOE (que se sigue llamando a sí mismo de izquierdas), andaban en loor de pendones, cantaderas y carros engalanados, cruzando navajas por quién sería el candidato a alcalde el próximo mes de mayo. Era el enésimo episodio de la guerra civil entre el diezismo y el cendonismo porque aquí nos peleamos hasta por los escombros. Esgrimen los unos (¿o hunos?, por lo bárbaros) y los otros los estatutos del partido como un texto sagrado y como tal, sujeto a interpretaciones en el que cada quien lleva el agua a su molino.
Pues en medio de la polvareda, llegó el gran jefe de todas las federaciones indias de la ribera del Manzanares y convocó elecciones. De las otras, de las gordas, las que no son para el Ayuntamiento, sino para el Congreso. Y fue mano de santo, oye. Se apagó el incendio… de momento. Las navajas no se han plegado aunque hayan dejado de verse. Todos quieren figurar; en las listas o en las tontas.



