SIN PASIÓN – Eduardo Sáez
Me confieso abducido por el tsunami futbolístico de la selección. Ya sé que dije, viendo el obsceno y humillante trato de la administración norteamericana a determinadas delegaciones futbolísticas y arbitrales, que lo mejor que le podía pasar a España era volverse a las primeras de cambio para no contribuir a aquel circo. Pero la subida escalón a escalón del equipo me ha hecho converso de la fe patriofutbolística y llegados hasta aquí, soy un fanático más de los que esperan apuntillar a Argentina.
Aunque el árbol de mis neoafanes balompédicos, no impide ver el bosque de la ciclópea operación de marketing que es este torneo. Parece un calco del Rey León. En su afán por dominar la selva (una parte más gorda del pastel del mercado deportivo norteamericano, ahora monopolizado por fútbol americano, béisbol, baloncesto y hockey hielo) el viejo Mufasa (Messi) ve cercano el fin de su reinado. Se precisa un recambio y el guionista (Infantino, presidente de la FIFA) ve en el español racializado Lamin Yamal al Simba que heredará el trono para seguir ampliando, a fuerza de star system, la parroquia de lo que en EE.UU llaman soccer. Y así hemos llegado al domingo. Mufasa y Simba por caminos convenientemente trazados, sobre todo el primero, lucharán por ese trono.



