Eduardo Sáez – Sin pasión
A poca paciencia que se tenga, y mi edad provecta y mi condición de jubilado me la otorgan en grandes dosis, los pórticos electorales son momentos gloriosos para dibujar la condición del género humano y sus relaciones sociales. La frase aquella de “yo ya no sé si soy de los nuestros” cobra plena vigencia de modo que una lectura detenida de las noticias diarias (y una cierta distancia, porque a los concernidos no les hará tanta gracia), habilita análisis desternillantes de la realidad.
Ocurre que el PSOE, ese partido que se dice de izquierdas, condición de la que muchos dudan, introdujo el mecanismo de las elecciones primarias para que fuera la militancia la que decidiera sus candidatos. Lo vendió como una virtud estimulante del debate interno, pero han pasado los años y en las listas se impone el dedazo de Ferraz en un sistema más piramidal que federal, a pesar de su nomenclatura.
Aquí en León, el tal Cendón no ha preguntado a nadie y se ha apresurado a poner a los suyos ignorando a los que no son suyos (¿quiénes serán los suyos? ¿Está seguro de ellos?) Y aún peor ha sido lo de Palencia: los militantes dijeron una cosa y Madrid impuso la contraria. Ya lo cantaba Krahe: “tú mucho partido pero ¿es socialista, es obrero? ¿o es español solamente?



