LAS TORCAS – Isidro MARTÍNEZ
Érase una vez un Museo del Tiempo (relojes). La anterior Corporación no cumplió todas sus promesas de apoyo a José María (relojero jubilado y propietario) y después de años de éxito el establecimiento cerró. Variaron los que mandan en la Casona y les expuso sus cuitas: necesitaba un lugar para sus marcadores de horas. Le ofrecieron la antigua capilla del instituto.
Realidades: la capilla es local pequeño para los relojes; necesita rehabilitación y no cuenta con persona que abra, mantenga y cierre cada día. Imposible envite para J. M. Ramos. Antes de alternativas (como Ponferrada) los relojes, piensa el astorgano, podrían ubicarse en parte del museo del Chocolate. Existe espacio y personal para ambas rúbricas. Se verá. O no.
No era tan complicado pues en un par de horas el servicio municipal desbrozó alcorques vacíos y aceras de las afueras. Como indica el nombre, des-brozadora, el aparato acaba con la hierba salvaje, pero no consigue tronzar los “hijos” crecidos de los arces. Quizá la próxima vez, la tarea se acompañe de trabajador con tijera manual que pode todo lo que sobra en el polígono de Sanabria. De paso, y para completar la tarea, se trabajen alcorques y tilos de las calles La Vega (productores de olorosa teína en junio), Bosque, etc.
El río Jerga, un concejal de feliz recuerdo quiso convertirlo en navegable, mantiene caudal mínimo de agua. Usted no sería capaz de apreciarlo porque los fusos, sobre todo, y otras hierbas del montón, rellenan completamente su cauce antes, durante y después de la Eragudina. Al lado, la fuente Mineral ha perdido sus castaños (queda uno), sus bancos no se ven con tanta maleza y el lugar, un hito visitable, es un monumento al olvido. Por si alguien decide que el parque quedaría mucho más vistoso con un arroyo cuidado.
Hace unas semanas el Ayuntamiento aprobó tasas de fiestas, globos y… rodajes de cine. Curándome en salud, y por si alguien me daba una patada p´alante y salía rebotillando (vocablo leonés patentado por el abuelo de Tomás Valle) por Postigo hasta la rotonda, afirmé desconocer filmación desde treinta años atrás salvo, apunté profético, que el concejal de Cultura detallase otra afirmación. La hizo y vese el resultado.
En 2025 se rodaron escenas para el documental: “Felicidad Blanc: sobreviviendo al Desencanto”, con dinero y gentes de Valencia. Pretenden reivindicar la figura y la presencia de la mujer de Leopoldo (escritora, pensadora y traductora) en la vida cotidiana y en la producción del poeta. Filmaciones en Casa Panero, en su calle, plazas varias y archivo municipal.
Segundo proyecto, 150.000 euros para documental con escenas en seis países, ciudades españolas y… Astorga: “La edad de los niños”, dirigido por el jienense Alberto Cruz. Aunque el tema sobre la decadencia de bebés es un hito en España, en Astorga la parábola se sumerge en los Panero. Como dialogaron/profetizaron Michi y Juan Luis: “somos el fin de la raza astorgano”. El asunto se hizo tierra aquí: personas (progenitores e hijos del poeta) rebosantes de talento y otras riquezas desaparecieron dejando solo huellas, recuerdos, la peli y un museo en Astorga. Niños, no hubo.
Fin de este cortometraje escrito: como todavía no había ordenanza, no cobraron tasas por las filmaciones. Supongo.
Ahora que recuerdo. No es un documental sino la vida misma. Segunda semana de julio y el Museo Casa Panero sigue cerrado cuando escribo (tal vez reabra mañana). Es verano, hay turistas. Después de las obras de rehabilitación y recuperación; preparativos, iluminación fachada, música de fondo y poemas… Todo a punto, salvo el personal. La IA todavía no es capaz de sustituir al encargado de abrir y cerrar ventanas y puerta. Hay subvenciones para trabajadores de temporada, pero tardan en llegar a este rincón.
El astorgano Aleluya reside ahora en La Bañeza. El conocido guitarrista callejero visita Astorga tres días por semana por cuestiones de salud. Suena su música en la tarde de julio, en la plaza bañezana, con su nombre en un cartel. Escucho, me reconcilio y recupero los recuerdos, y me alegra hablar con un astorgano que nunca dio un problema y sí bastantes momentos gozosos de guitarreo y sonrisas aquí, en Castrillo de los Polvazares y en la comarca. ¡Que la salud no falte, Aleluya, que el ritmo lo pone tu guitarra!
Hace unos veinte años se abrió la primera editorial de libros en Astorga. Akrón, promovida por el ingeniero y escritor Juan Manuel M. Valdueza en calle Bastión, durante cinco años puso en la calle más de un centenar de volúmenes de calidad. Rememoro novelas de Andrés Martínez Oria o la reedición de la Historia de Astorga de Matías Rodríguez.
Años después la editorial, que mantiene sede astorgana, se convirtió en Ediciones La Crítica, que en marzo adquirió los locales de este periódico en Prensa Astorgana. Este prolegómeno sirve para recordar a Valdueza que se recupera de un ictus, y que sigue pensando que Astorga es tierra abonada para editar libros ¡Otra de las infrecuentes, pero muy sugerentes, realidades culturales de esta ciudad!
No se lanza ni un cohete. ¡Está el campo como para hacer chispas! Amplío foco de modos veraniegos: las bodas. Casi nada es igual. Allá abajo, las primeras comuniones se convierten en bodas (60 a 100 invitados) y, aquí, los enlaces se transmutan en comuniones: padres, familia directa y algunos amigos. La muda de las costumbres.
Ceferino Fernández, 77 años, de Celadilla, se fue este fin de semana. El último campanero que tocó en Villavante el “tente nube” (tañido de badajos que pretendía, y conseguía a menudo, que la tormenta se alejase del pueblo del campanario evitando el granizo veraniego). Ahora, agnósticos que somos, no nos tocan el “tente nube” y muchos menos creemos que una campana, o dos, puedan con una tormenta.


