Mi número favorito es el once. Sumo las matrículas de los coches y, cada vez que suman once, capturo la buena suerte de mi propia paranoia. Lo que acontece este jueves no es una paranoia. Es un orgullo, un pundonor y una honra para esta ciudad.
En el Faro Astorgano de hoy, ese papel que tiene entre sus manos o que lee en su página web, aparecen todos los onces posibles que se pueden crear con cinco unos. Y es que —fuerte redoble de tambores y fanfarrias— el Faro de hoy es el ejemplar once mil ciento once. A mí me gusta más escrito con cifras: 11 111.
En 11 111 periódicos hay miles de crónicas y noticias, miles de anuncios y entrevistas con sus fotografías, millones de palabras y una cantidad indeterminada de cafés. Demasiado para que alguien lo llame casualidad. Demasiado para andar cada poco en la cuerda floja…
¿Cuántos campos de fútbol como La Eragudina se podrían cubrir con la hemeroteca del Faro? ¿Cuántas catedrales y palacios se podrían envolver al estilo de Christo? Ya no cuento kilos de sardinas.
Con un poco de imaginación, 11 111 pudieran ser los barrotes de una cárcel, pero nadie se encuentra entre las rejas del periodismo. 11 111 pudieran ser —y son— cinco números uno, igual que los cinco de la plantilla. 11 111 pudieran ser los dedos de una mano: una mano que dice basta y pide justicia en el reparto del gasto que las instituciones dedican a los medios de comunicación.
11 111 pudieran ser una serie de columnas de texto, con un gran titular: «El orgullo del último diario de Europa».
Aunque hoy, un jueves normal de otoño, 11 111 pudieran ser —y son— cinco velas para celebrar este curioso aniversario de un Faro que ilumina Astorga y comarca más que nunca.
¡¡Enhorabuena!! Volveré a felicitarles en el 22 222.
César Núñez



