SIN PASIÓN – Eduardo Sáez
Me da pie la microcolumna del pasado día 19 de Enrique Ramos haciendo la onomatopeya del rebuzno con el acrónimo de la Inteligencia Artificial para escribir algo que me llamó la atención hace unos días: la primera encíclica de León XIV hablará precisamente de la relación del hombre y la inteligencia artificial, el algoritmo y el ser humano cada vez más subordinado a ese mundo aparentemente invisible.
No voy a decir yo, como he leído, que al Papa le asusta la competencia porque tenemos la sensación de que incluso nuestros pensamientos están ya sugeridos por ese “dios cibernético” que hemos metido todos en nuestros bolsillos. A fin de cuentas, la competencia serían las otras religiones, algunas de las cuales ya existían cuando llegó el cristianismo y otras aparecieron después.
Sin ser en absoluto creyente, o quizás por eso, me resulta interesante saber qué opinión tiene la jerarquía católica (y también sería bueno saber las de otras religiones) respecto de cómo la tecnología (que alguien gobierna, no lo olvidemos), se mete por los intersticios más íntimos de nuestro pensamiento hasta el punto de inducirlo. Como no estamos en tiempos de anatemas genéricos no es previsible que León XIV proscriba el uso de estos nuevos inventos. Pero desde su humanismo seguro que nos advierte: cuidado con el abuso.




