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Diario Impreso Independiente de Astorga y sus Comarcas
viernes, junio 12, 2026

El ciudadano Prevost en el templo de los fariseos

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación.
Mt. 23.14
Enrique RAMOS – Ilustración de CESARENE
Ignoro si en otros viajes de los papas a diferentes países, las agendas son tan intensas como la que ha desarrollado en su viaje a España en estos últimos días León XIV. Si es así, no me extraña que a su muerte, los mandatarios de la Iglesia lleguen con el evidente nivel de quebranto físico que les aflige. Y es que en el momento en el que deberían disfrutar de una plácida jubilación, asumen todo el peso de ser líderes espirituales de, al menos 1.500 millones de católicos que dicen serlo en todo el mundo.
León XIV ha sido “el primer papa” en hacer varias cosas en España. No es de extrañar, porque las visitas de las cabezas de la Iglesia son tan esporádicas a este país como a los del resto del orbe: no habría papado ni siquiera vida humana capaz de hacer tiempo para visitar los más de doscientos estados que se dicen independientes en el mundo.
Una de esas cosas que ha hecho León XIV (en el siglo Robert Prevost) y que ningún papa había hecho en España ha sido dirigirse al parlamento en pleno reunido en el Congreso de los Diputados. Como en todo lo que ocurre en este país, ha habido opiniones para todos los gustos sobre eso: que un líder espiritual no tiene porqué acudir al centro de las decisiones terrenales; o que además de líder espiritual, es el jefe de un estado pequeñito pero de gran influencia en la diplomacia y la geopolítica mundiales, y que ahí sí hay que escucharle.
Se podría pensar que los que pensaban una cosa y los que pensaban la otra acudirían igualmente a la sesión parlamentaria por una cuestión de urbanidad, respeto institucional y hospitalidad más allá de sus opiniones personales. Y así fue. Lo que ya no era tan esperable es que el ganado legislativo de este nuestro país acabara con las manos llagadas de un aplauso que ni Pavarotti cosechó en sus buenos años en la Fenice de Venecia.
Aquello parecía la noche electoral. Todos habían ganado. Los que creían que no debía haber ido a un foro político como representante espiritual se regocijaban con el mensaje papal sobre la recepción a los migrantes y la igualdad en las sociedades como si estuvieran apostillando: “si ya lo decía yo”. Y a los que sus palabras supusieron una reconvención severa hacia sus actitudes y votos, retorcieron la realidad: mandaron a la más tonta a justificarlo removiendo un par de comas y, como el borracho a punto de coger el volante asegurando que está para conducir, negar la mayor sosteniendo: “si ha dicho lo mismo que nosotros”.
Para una vez que el parlamento se puso a dar un aplauso unánime, parece que no aplaudían todos por lo mismo. El paso del Papa por España no nos ha cambiado en absoluto. Otra vez ha aflorado en las redes sociales la rivalidad: que si “mira qué fino y elegante lo de Barcelona”; “sí pero mira cuánta gente en Madrid”; “ya, pero para entrañable lo de Canarias”… Al menos, en este caso, no ha habido nadie que le diga: “no vengas”, por más que muchos hayan visto defraudadas expectativas que albergaban antes de su visita.
Tanto en Madrid como en Barcelona y después en Gran Canaria, la puesta en escena de la visita papal tuvo, sobre todo, un componente de espectáculo. Y podríamos pensar que llenar estadios tiene poco que ver con la espiritualidad, pero en el mundo en que vivimos, tiene más poder y más proyección una frase apoyada en una imagen que su sesuda y reflexiva encíclica Magnifica humanitas. Por eso, si de lo que se trata es de llegar a todo el mundo, y cuanta más gente mejor, hay que adaptarse a los tiempos.
En esto de la gestión de las muchedumbres me llamó la atención algo que leí en redes sociales: en la misa celebrada en Cibeles por el Corpus se habían habilitado una gran cantidad de espacios para que los fieles pudieran confesarse y comulgar; alguien hizo el comentario “si tienen tanto lío, acabarán poniendo confesiones por Inteligencia Artificial para ahorrar curas, que andan escasos”. Quizás la sensibilidad mostrada por el Papa en su primera encíclica también tenga que ver con eso: al paso que vamos es capaz de suplantar hasta a los sacerdotes si no andan un poco listos.
Del paso por España de Robert Prevost, ya para la historia León XIV, va a quedar algo casi inédito en esta tierra de Caín: todos le dan la razón y todos pretenden que sus posturas están en sintonía con lo que él preconiza. Eso, aquí, solo se ve con la selección de fútbol y la lotería nacional. Yo creo que ya se le podría empezar a homologar como milagro.

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