SIN PASIÓN – Eduardo Sáez
Parece irse apagando en los últimos años un furor por hacer museos que los políticos de todo escalafón tuvieron en toda España, especialmente acreditados en esta provincia. Coincidía aquella “moda” con dos cosas: en Bilbao, gastándose mucho dinero, consiguieron hacer del museo Guggenheim el germen de la enésima reconversión de la ciudad que había sido comercial, después minera, más tarde industrial y ahora turística y de servicios; y por otro lado, el dinero europeo por el cierre de la minería y por el desarrollo rural.
Es evidente que lo de Bilbao les salió bien a ellos y a pocos más. Aquí tratamos de emularles con un Musac que tiene poco más de cien mil visitas al año frente a casi millón y medio del cascarón de titanio, pero sobre todo, hemos dejado nuestros pueblos salpicados de una nómina infinita de fondos donde cualquiera que tuviera un telar de lizo bajo, una bilda o un rastro de madera de su abuelo, se convertía en mecenas. Muchos de esos museos fueron inaugurados por jerarcas de León y Valladolid con el alcaldecito de turno batiendo palmas como un mono de feria. A lo mejor una auditoría interesante sería saber qué fue de todo eso: cuánto costó, cuántos lo han visto y quién lo atiende para verlo.


