LAS TORCAS – Isidro MARTÍNEZ
Tampoco nos vamos a extender demasiado. El pleno insustancial aprobó un par de actas y pidió, que suele salir gratis, que la autopista no cueste al usuario. Después llegaron las preguntas y ahí, como siempre, las broncas, las interrupciones, el no dar la palabras y el malgastar saliva. En fin, nada que no hayan escuchado las placas del salón de sesiones en toda su historia y, muy en especial, en los últimos siete años.
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El sábado EL FARO aportó claridad y contundencia. En tiempos de circunloquios, que alguien ponga claridad es, por lo menos, digno de respeto. Me explico: Enrique Ramos, responsable de este periódico desde hace casi veinte años, deja meridiano el atropello colectivo de Junta, que autoriza el proyecto; de Diputación, que pone la pasta y ninguna reconvención; y el Ayuntamiento de esta ciudad que está decidido (con voluntad, dinero y visado autonómico) a enterrar los restos romanos del foro. No hace ni diez años este proyecto no hubiera sido posible. Ahora sí; los van a inhumar como si fueran los huesos (¿dónde los habrán metido?) de los romanos del cementerio de Mercadona. En este caso son piedras y muros no inhumables, pero ¡qué más da!
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Coda: hace 200 años ni siquiera hubiera sido necesaria autorización de nadie. Los carros de piedra de la Muralla la transportaron a la plaza de toros o a casas particulares, se vendieron sin remordimiento y el municipio obtuvo un dinero. Es decir, compañeros de esta época, que casi todo es posible. Casi siempre.
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Y dos: Andrés Mures Quintana, astorgano (su mayor y más estimado título) incluye un comentario clarificador. Les coloca el espejo delante a instituciones, también al Ayuntamiento de esta ciudad, que deberían sostener en lo posible que Astorga no pierda este periódico. Se puede decir con la pasión de Mures o recordar, simplemente, que este diario todavía no tiene edad suficiente para fenecer. Tal vez, me temo, van a conseguir su óbito. ¡Felicidades! El pésame para otros. Sin embargo, así nos va, hermano. Somos asiduos de las quejas pero incapaces de crear o preservar el futuro.
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Julio Norte es astorgano en la tierra de su padre y salmantino por ahí fuera. El jueves toreó su última novillada en Huelva, en las fiestas colombinas. Como suele, recibió al novillo de rodillas en el coso y le hizo un notable aliño al segundo de su lote. Premio: oreja (como su anterior corrida en Sevilla) y salida a hombros. Menos agradable: el morlaco lo volteó y le produjo una contusión. Justamente 14 días de reposo y recuperación para tomar la alternativa, el 13 de agosto, en la plaza francesa de Dax. Norte llegará a Astorga, el 22, para vestir de luces en su estreno como torero ante la gente de su padre, que también fue Julio Norte en la arena.
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Lo de llenar la plaza de toros con eventos y actuaciones todo el año, que dijo alguien en la presentación del cartel taurino de Santa Marta, no deja de ser un brindis al sol, con más acierto en un comentario taurino.
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Una semana de trabajo intenso para el departamento de Jardines. Dos equipos se han encargado de regar, repetidamente, la hierba del Melgar y la hierba muy afectada por el caminar de la gente, en el parque de la Sinagoga. Los cuidados parece que devolverán su verdor, sobre todo al Melgar, y algo más tarde a la zona que este año ha albergado tiendas y jaimas en dos ocasiones.
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Calle Leopoldo Panero en donde el comportamiento de esta urbe se manifiesta. En el inicio de la calle, sobre la fachada del convento de Sancti Spiritus una pequeña placa, que soporta el paso del tiempo sobre su mármol blanco, recuerda en versos del poeta, que nació y residió en ese lugar, unos metros más adelante, reconvertido su domicilio en museo y lugar de exhibición de documentos de intelectuales ligados a esta tierra.
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En la otra acera de la misma rúa, en fachada vecina a la del vate se puede admirar, incluso leer durante un rato largo, una placa diseñada por Escarpizo, que recuerda y certifica que esos muros albergaron a John Moore, el general escocés que luchó contra Napoleón, falleciendo en Coruña antes de embarcar en su regreso. La sorpresa: el tamaño y los datos. El cerámico más prolífico y enorme de las calles astorganas. A cada quisque su afición. Era 2018 y, quizá, proseguía la moda de resignificar a derrotados en batallas de aquí.
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El Archivo, que dirige Miguel Ángel González, aporta cada mes cuatro páginas digitales para narrar las colaboraciones culturales con la entidad del Obispado que se empeña en conservar todo escrito relacionado con esta diócesis. Esta vez se recoge la publicación del cuaderno núm. 4 sobre el santuario de las Ermitas o la recepción del Manuscrito de Peñalosa, de 1626 (su 400 cumpleaños), que aporta la crónica del certamen poético Voto Inmaculista de Astorga. Libros parroquiales de pueblos parameses para custodia y nuevo volumen sobre el obispo asturicense don Marcelo.
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En el próximo septiembre, San Justo vuelve a convocar su premio de pintura al aire libre. Una cita obligada de ese mes y esta vega. La novedad de la edición: el Ayuntamiento, además de la pintura y el premio, organiza un homenaje de reconocimiento a la labor cultural y artística de Sendo. Una escultura, que ha elaborado Julia Rodríguez Villar, natural de una localidad donde el arte es un continuo en los últimos años, recordará en hierro la memoria de uno de los mejores pintores de esta tierra.
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Foncebadón, días 7, 8 y 9 de agosto, resucita. En unos de los pueblos con menos vecinos de la comarca, ese fin de semana se programa un festival de música, actividades de yoga y un completo programa gastronómico para tres días. “Neverland parque” lo llaman con carteles por Astorga y los pueblos. Porque renacer siempre es una positiva apuesta de futuro.


