SIN PASIÓN – Eduardo Sáez
Escuchaba hace unos días a la rectora de la universidad de León anunciando vacas flacas; un nuevo agujero en el cinturón y más austeridad, eso sí, sin menoscabar “la calidad de la enseñanza y la investigación”
Pensaba, iluso de mí, que decretar la Junta de Castilla y León nuevos estudios en la “universitas legionensis”, y además, de envergadura desde el punto de vista de su coste, como son la formación de futuros médicos, iría aparejado de una mayor dotación económica.
Pues resulta que no, o casi no. Un buceo mínimo en internet, nos cuenta que el presupuesto de la universidad de León para este 2026 es de algo más de 144 millones de euros, apenas un 1,7% más que el año pasado. Pero, además de asumir desde el próximo mes una nueva especialidad, de momento con solo ochenta alumnos en el primer curso, la entidad está afrontando la ejecución de un nuevo edificio en Vegazana para albergar la facultad de Medicina para el que se consignan 18 millones de euros. Ya en ladrillo se nos va el 12,5%. O sea, que a León (y me imagino que a las otras universidades públicas de Castilla y León), le han dado un regalo envenenado ¿Quieres más grados? Te los doy, pero sin pasta. A hacer el milagro de los panes y los peces.



