PIEDRA DE AFILAR – Enrique Ramos
La semana que se va llegó con un consejo de gobierno extraordinario del ejecutivo autonómico en el que se detallaba el nuevo organigrama de la Junta de Castilla y León nacida del acuerdo de gobierno entre PP y Vox. Ese consejo del pasado lunes simplemente especificaba la división en direcciones generales de las consejerías que se habían decidido en el reparto político acordado. Como en este corral hay más gallos (y gallinas) que en el anterior, hay que hacer más lugares y sitios de puesta de los que teníamos. Según las cuentas echadas por un medio digital de ámbito autonómico, esta ampliación de cuadras para meter más animales nos va a costar a los presuntos dueños del aprisco, contribuyentes de este pénjamo, unos 700.000 euros más al año.
Y ahora viene la pregunta: si estos pollos tomateros de cuero noble y coche oficial dentro de dos, tres o cuatro años nos legan un mundo peor que el que reciben ¿devolverán algún dinero? ¿O harán como suelen: echarle la culpa al empedrado, al gobierno central, al europeo, al norteamericano o al chino?
La Junta de Castilla y lo que queda de León es el ejemplo más depurado del Principio de Peter que asegura que “en una estructura jerárquica, todo el mundo tiende a ser promocionado hasta su nivel máximo de incompetencia”. Verbigracia Suárez Quiñones.



