Si hay un imbécil en el poder, es porque los que lo eligieron están bien representados
Aparicio Fernando de Brinkerhoff-Torelly, “Barón de Itararé”. Periodista satírico brasileño
Enrique RAMOS CRESPO
La canónica marca de neumáticos italiana Pirelli se anunciaba a principios de los años 90 con una imagen del atleta velocista y pluriplusmarquista norteamericano Carl Lewis calzado con unos zapatos de tacón y la leyenda: “la potencia sin control no sirve de nada”
No he podido por menos que recordar este lema al comparar la potencia electoral de los diferentes territorios españoles. Castilla y León, tan vacía, tan depauperada, tan poquita cosa salvo en territorio, también gana en su capacidad de representación. Los 31 diputados que eligen las nueve provincias suponen el 8% de los 350 del hemiciclo matritense, pero los apenas dos millones y medio de penitentes que sufrimos esta tierra llegamos justitos al 5% de los españoles. Somos, sin ninguna duda, de los más aventajados en esta relación: por ejemplo, la comunidad valenciana, con el doble de población, solo elige un diputado más; 32. Madrid, con sus 37 parlamentarios electos, copa algo más del 10% del Congreso, pero su población de 7,1 millones, supone el 14% del total nacional; en similar caso está Cataluña eligiendo 48 diputados, el 13% de la cámara baja, pero con el 16,2% de la población española en sus cuatro provincias. Y si bajamos aún más, vemos que en León, ya con menos de 450.000 empadronados, apenas suponemos el 0,9% del total de España; pero nuestros cuatro diputados son el 1,1% de la masa parlamentaria fijada en 350 personas.
Y ahí quería yo llegar. Santiago, “el pastor de Argovejo” solía decir, según cita recurrente del maestro Fulgencio Fernández, que esta tierra “solo da buenas cosechas de topillos y de cabrones” yo añadiría, a la vista de los números, que también es fecunda para políticos… salvo que esta última especie la tengamos englobada en alguna de las dos anteriores. Se supone que cuando al morir el franquismo en una cama de La Paz se convino en continuar con esta división en provincias que va camino de cumplir dos siglos, los territorios menos poblados se sobrerrepresentaban para que sus intereses no se vieran tapados por las más potentes desde el punto de vista demográfico; hubo también quien opinó que era una concesión a la fuerza reaccionaria del antiguo régimen porque se suponía que en estas provincias anidaba más fuerte el conservadurismo y con ello se equilibrarían los números en el parlamento. A fin de cuentas, la técnica de amoldar las circunscripciones a las apetencias y necesidades de quien tiene poder para hacerlo es antiguo como el hilo negro; en ciencia política tiene hasta un hombre: gerrymandering por un tal Gerry, gobernador de Massachusets a principios del siglo XIX que trazó una estudiada distribución de distritos electorales para apuntarse la victoria. El mapa de tal reparto parecía una salamandra y la prensa bautizó aquello como Gerry´s salamander y de ahí a gerrymander.
Sea por una cosa o por la otra, lo cierto es que hemos llegado a un punto en el que nuestra presunta sobrerrepresentación no tiene valor ninguno. Pongamos a León, ya que no estamos para viajar mucho. Los cuatro diputados se reparten a partes iguales entre PP y PSOE ¿hemos sacado algo de estos nuestros representantes? En un rincón, el melifluo Javier Alfonso Cendón, fino estilista, experto en nadar y guardar la ropa, correa de transmisión de lo que manda Ferraz y como virtud más reconocida una glotis con capacidad para tragar un sable sin hacerle gota de sangre; y en la esquina contraria Ester Muñoz, dura fajadora, ésta con supuesto mando en Génova, reina de polígonos y con unas formas a la altura de su capacidad intelectual. Y ya no hablemos de sus dos compañeras en la carrera de San Jerónimo, la popular Silvia Franco y la socialista Andrea Fernández: el trabajo silencioso es una virtud… siempre que se trabaje, porque lo que aparenta es que su aportación a su circunscripción el balance es cero o aún peor, negativo.
Claro, que siempre ha sido así. Quienes aspiran a colocar sus posaderas en un escaño de cuero noble del hemiciclo saben que esto es como la antigua mili: “no te hagas el listo, no te hagas el tonto y voluntario ni a comer”. Su competencia intelectual y sus supuestas ganas de partirse el pecho por el territorio que les ha elegido, lejos de ser un haber, es una tara. Las organizaciones no perdonan los versos sueltos ni a la gente que piensa por su cuenta y necesitan domésticos que hagan de doberman ante los de enfrente o de parapeto ante los atentados de los suyos contra su circunscripción. Saben que si son combativos y piden para sus tierras, quizás una minoría se lo reconozca, pero la mayoría seguirá pastoreada por la prensa instrumentadora de esta situación y el premio será mayor si son buenos y tragan con lo que viene de Madrid: volverán a ir en las listas. O en las tontas. El caso es seguir tirando de la teta, porque como se dice por aquí, “jato que mama, no brama”



