SIN PASIÓN – Eduardo Sáez
A raíz de la catástrofe de Venezuela, como suele ocurrir, se ha levantado una oleada solidaria de gente recogiendo artículos de primera necesidad para enviar a los damnificados. Y ante estas situaciones, a mí siempre me llega la duda ¿Cómo se manda esto? Porque un flete aéreo vale un riñón ¿Vamos a mandar botellas de agua y papel higiénico por avión a Venezuela? ¿No será más razonable hacer una donación en metálico y que sobre el terreno se adquieran esas cosas? Hay que recordar que el terremoto ha afectado a localizaciones muy concretas del país. El resto está intacto en sus posibilidades de producción; y aunque no fuera así, parece más operativo mandar camiones desde Colombia, Brasil o Guyana con esos productos que enviarlos desde la otra punta del mundo.
Ya sé que la gente desconfía de a dónde va su dinero. Pero ¿no desconfía de a dónde va el paquete de ayuda que entrega? Aquí mismo lo hemos tenido. Tras el episodio de la DANA en Valencia va a hacer dos años apareció ayuda recogida y no distribuida en almacenes. Y no hacían falta aviones; y seguro que tampoco especuló nadie ni vendió esas cosas. Simplemente, el sistema de reparto se saturó. Hasta para ser solidarios conviene tener algo de cabeza.



