LAS TORCAS – Isidro MARTÍNEZ
Era un día especial. Repetido, pero casi único cada varias décadas en esta ciudad que ama la prensa pero no se ocupa de ella. Salvo muy honrosas, y generosas, excepciones. Vamos al meollo de un sábado 27 de junio.
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Los accionistas de Edypsa, empresa editora de EL FARO, íbamos preparados para oficializar el entierro del periódico. Pero no; no ocurrirá por ahora, como les explican en página siguiente y en carta a los suscriptores. Sin embargo, se repite la época del año…
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A finales de junio de 1979, El Pensamiento Astorgano apareció por penúltima vez. En agosto se editó un número especial para conseguir dinero para pagar los salarios. Se apagó la luz y cerramos la puerta.
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Era por junio, abocado a su final, cuando EL FARO llegó a mil domicilios de suscriptores y a los quioscos de la ciudad estrenando andadura en 1980.
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Hasta este 27 de junio de 2026 en que la junta de accionistas revocó expectativas y decidió continuar con el esfuerzo y la esperanza de que Astorga siga siendo la única ciudad del país de su tamaño con un diario.
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Algunos detalles explicativos: la empresa ha cerrado balance económico con pérdidas al menos los últimos dos años. La crisis de los medios en papel, la aparición de Internet y un tratamiento extremadamente mejorable de la publicidad institucional han llevado a EL FARO al borde del abismo.
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El presidente del consejo de administración, Jacinto Bardal, inició la junta confirmando que renunciaba desde ese mismo momento a la dirección de la empresa. Para muchos astorganos es conocido que Tato y el alcalde Nieto no se entienden, aunque militan en el mismo partido político. Se explicó: “no quiero que se me tome a mí como excusa para no cumplir con la legalidad y con el sentido común; sin obviar a nadie, los de casa deben ser los primeros”.
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En el ambiente flotaba la aceptación del envite. Hasta que llegó la hora de la elección de sucesor. Como antecedente informativo recordemos que el presidente y los vocales del consejo, de administración, como todos los colaboradores de este periódico, no cobramos ni un euro ni tenemos dietas. Paso siguiente: se ofreció la presidencia a un accionista, muy cercano al PP, que no rechazó la responsabilidad por razones personales. No hubo más opciones al puesto y ante el precipicio del sillón vacío y la empresa descabezada, Bardal se comprometió hasta final de 2026.
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Se tomarán algunas medidas económicas para intentar que EL FARO, cuyo único objetivo esencial es Astorga, tenga futuro. Algunos podrán seguir ofertando excusas absurdas y comportamientos inaceptables (contratar promoción de eventos menospreciando un símbolo de esta ciudad), con el periódico que en los últimos 46 años solo ha mantenido un objetivo esencial: la defensa y la promoción de Astorga.
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Unos cuantos astorganos residentes en la ciudad o en la diáspora comprenden y comparten la realidad de esta seña de identidad. Marchan los periodistas, se olvidan las críticas, incluso los errores, pero permanece la raíz: sin este diario (y se reconoció que es mejorable y en el intento se está) seremos un poco peores.
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En la junta de accionistas, de limitada presencia física y bastante más de acciones representadas, había simpatizantes de todos los partidos. En las votaciones, no se produjo ni un voto en contra, ni siquiera una abstención a los expedientes presentados. Consuelo explicativo: la ideología no es el problema.
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Podría identificar en cada afirmación o deseo el nombre concreto de personas, presentes o ausentes, pero mirarse el ombligo tampoco lleva a ningún sitio. Solo queda esperar que el sentido común y la pertenencia a una comunidad (ciudad) lleve a variar comportamientos radicalmente enfrentados al futuro de Astorga.
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La vida continúa, aunque a veces con un nudo en la garganta. El historiador Luis Martínez García, natural de Acebes del Páramo, presentó ayer en León, “Molinos y centrales eléctricas en la presa Cerrajera durante la primera mitad del siglo XX”. Porque conviene no olvidar las raíces aunque algunos pretendan censurar el agua por los cauces tradicionales de los huertos de los pueblos.
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En el yacimiento arqueológico del centro de Astorga, uno de los más visitados por los viajeros, un hondón de hierbas demanda una cabra, que coma el pasto, o el paso de un operario municipal. Un turista generoso opina que el sesgo verde realza las piedras romanas del mosaico y de los muros de la domus, pero la explicación peca de riesgo. La limpieza de un segado a fondo seguro que aseguraría mejor alternativa.
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El anillo verde parece que nace en las afueras, a orillas del Jerga. Cincuenta mil euros de la Junta y una foto certifican que las farolas, con energía solar, ya están prestas a funcionar. En el río se han limpiado varios tramos, se han podado salgueras y alisos o fresnos. En un centenar de metros se adivina lo que será esta propuesta del actual Ayuntamiento para esta ribera fluvial. Lástima que las ramas se hayan dejado en el camino, al lado del río. Más cerca de la plaza de toros los pequeños troncos secos acumulan meses de demora invadidos por hierbas que lo certifican.
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En el aparcamiento de caravanas, el provisional, el grifo del agua sigue con líquido para la docena de vehículos que este fin de semana se apilan en torno al coso y al río. Uno no puede por menos de desear que esta ciudad oferte, de una vez, un servicio turístico eficaz y un lugar apropiado para aparcar y vivir en las casas con ruedas.


