J.J.A. PERANDONES – La tolva
Hace más de un siglo, en la antigua plaza del Progreso, actual Obispo Alcolea, el pequeño kiosco octogonal, con ventanillas de madera abatibles y cúpula de zinc como tejado, se mostraba recoleto ante dos torretas `eiffelescas´, de telegrafía y electricidad, y la escultura de Marín, la del león y el águila. A este kiosco municipal, administrado en principio por los Perries, fueron a parar muy jóvenes los hermanos Blas Flórez, Antonio, `Toño´, y Angelines. También la estación contaba con habitáculo para prensa, integrado en las librerías de ferrocarriles. Para muchos de nosotros, quien regentó este último durante años, Victoria, y aún durante más tiempo, 11 lustros, Toño, otros municipales y el propio, han sido esenciales para acercarnos cromos, tebeos, novelas…, así como la realidad diaria del mundo con coleccionables y reportajes de revistas especializadas. Cada astorgano tiene su ligazón con un kiosco, y ante todo con sus detentadores, los cuales junto a Toño, antes de la era digital, se aproximaban a la decena: la familia Alonso cerca de la tienda de Aquilino, Inés en la proximidad de la ferretería La Torre, Rafael y Herminda en el municipal de la gasolinera, Curro y Pilar frente al ambulatorio, Berta y Santiago cara a Sancti Spiritus… Internet ha ido menguando, menguando, la existencia de kioscos con periódicos y revistas. En Astorga, hasta haberse anunciado, en este cálido abril, su repentina extinción.



