LAS TORCAS – Isidro MARTÍNEZ
Rondamos el final de mes. Concluyen mañana las clases en los colegios. Suben las temperaturas. Esto es el desierto informativo. O se parece, aunque Astorga siempre resucita en agosto. Incluso con sus fiestas de Santa Marta (onomástica en febrero). En julio, por si faltara interés, llegan los astures y su caudillo Sebis.
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Pero antes, esta misma noche, es la víspera de san Juan. Mejor no encender la hoguera o hacerlo con mucho cuidado y precaución, pero comienza el verano. Y tal vez se nota el calor, y no lo digo por la conversión de la plaza Mayor en un campo deportivo. Se reducen las terrazas pero, sino protestan ellos, los clientes, menos. En la capital festejan al santo; en Hospital y Santibáñez de la Isla lo bailan también.
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Con semejante ambiente, la política se congela. José Luis (Zapatero, naturalmente) nos queda ahora lejos, en Madrid, y para embrollar el asunto, el alcalde socialista de la capital leonesa no se lleva nada bien, o a matar que se decía antes, con alguno de sus conmilitantes de esta tierra.
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En Valladolid, que con Burgos y Segovia, son las únicas provincias que crecen en esta autonomía aunque sea de forma suave, ordenada y sin grandes proyectos, la renovación de Mañueco no ha removido la parsimonia de las olas del Pisuerga.
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Como era lógico, por razones numéricas (las matemáticas son un engorro siempre), Vox (al menos Pollán, es de León aunque ya veremos si se nota en algo su mando en plaza) alcanza poder y tiene un pergamino con las normas a aprobar, respetar o innovar. Entre ellas, y como en Mérida y Zaragoza, está el “arraigo” que no es lo mismo que la “prioridad nacional”.
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El negocio tiene su intríngulis en estas campas de secano o regadío de pantanos. Porque cada vez somos menos, y mañana todavía peor, si además no queremos inmigrantes (ya sé, en el campo no hacen falta, basta con los tractores para sembrar y recoger el maíz), ¿quién cuidará de los mayores? Por si no se han fijado: la mayoría de las personas que acompañan a un castellano o un leonés de edad e impedimento para andar o comer, es foráneo. Asiduamente, de América Latina.
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Fábricas no abrimos pero los jubilados (Zamora es la provincia con el mejor promedio de mayores en el país) abundamos, creceremos en el futuro y falleceremos más tarde. Es decir, necesitamos ayudantes para nuestros servicios mínimos y completos. Por si PP y Vox se lo quieren hacer mirar y, de paso, comienzan a preocuparse por la realidad de sus gentes y no del sombrajo del escenario.
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No es respuesta directa al acuerdo vallisoletano, pero conviene al caso. Ireneusz Beyrowski Rompczyk (sorprendente nombre y apellidos para ser ¿“leonés”?) solicita licencia urbanística para un camping en el paraje El Barranco, en Murias de Rechivaldo. Añadidura a los más de 240.000 euros que pretende invertir en la pedanía astorgana: en el mismo pueblo, pero al otro lado, lindando con Valdeviejas, en aquellos tiempos mágicos de esta ciudad, Delfín González, concejal y siempre pensador de desarrollo para Astorga con proyectos e inversiones, programó un camping vecino a la carretera maragata. Las lindezas de la normativa urbanística, los roces, envidias o lo que fuera, consiguieron que el proyecto fuese un sueño imposible. Quizá, ahora, con menos inversores en la agenda municipal, los que mandan menos de lo que piensan encuentren vericuetos para que esta ciudad turística ofrezca, de la mano de Ireneusz (con nombre de santo obispo en los inicios cristianos), por fin, alojamiento para campistas y aparcamiento y vida en común para caravaneros (lo de su parking urbano sigue crudo).
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Está de moda alquilar viviendas por habitaciones. Al propietario le sale a cuenta. Renta más y la gente las demanda porque no puede pagar un piso completo. Según las últimas estadísticas, en la capital leonesa esta inversión provoca un retorno/beneficio del 7%, que no está nada mal.
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Esto de entender el reparto del dinero público, aunque lo marque la ley, la realidad suele ser entretenida, enconada y más bien silenciosa. La “Zuiza” viajó a un digital ponferradina con sus colores y programa, y lo de la comida en la calle, con o sin vermut y ginebra, se encargó a Luu_sia, al parecer una influencer con seguidores en redes sociales, con pago de unos 1.400 euros. Tal vez en Astorga, señor edil del asunto, no hay medios o no tienen derecho según su jurisprudencia. Aunque la ley concrete lo de proporcionalidad y el sentido común, la cercanía y el mirar por lo propio.
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En León esta semana, y ayer lunes, dos rebaños de ovejas transitaron calles de la capital y su alfoz en camino a las montañas del Norte. Como en los viejos tiempos, pero ahora mismo. No hace falta que se pierdan ritos y costumbres, pero un poco más de futuro no estaría de más.
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No es por incordiar, solo por recordar la ley municipal. Me lo relata un vecino de las afueras. Si el árbol de la acera invade con sus ramas, y con más frecuencia, con hojas secas su jardín, ¿tiene derecho a indemnización? Es pura justicia equitativa: si su seto invade la acera (¡y no le cuento si es un solar sin recortar¡), el Ayuntamiento arma su ordenanza y sanciona la hiedra con euros a la caja municipal. ¿Al revés, no?
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En el extrarradio extrañan la presencia de jardineros, barrenderos y demás funcionariado común que pode sus árboles, limpie sus aceras e incluso recorte malas hierbas. Cuando prefiera la autoridad, le pueden enviar algunas fotos.
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Lo de perder, y luego lamentar, expira en unos días. Se lo contarán.



