“Tente mientras cobro” – Expresión popular de albañiles chapuceros en España
Enrique RAMOS CRESPO
Ilustración de CESARENE
Resulta que el ministerio de Transportes, o de Fomento o de Obras Públicas, o de como se le quiera llamar ahora, va a tener que construir un nuevo puente en sobre el río Tremor para que los que vamos por la autovía camino de Ponferrada o de Galicia en general, podamos cruzar ese accidente geográfico con la seguridad debida.
Como recordaba este Periódico esta misma semana, va a ser el segundo puente que “hay que repetir” en el tramo berciano de la autovía del Noroeste. El del Tremor lleva algo más de 25 años abierto al tráfico porque ese recorrido desde Manzanal a San Román de Bembibre se inauguró en 1999, hace en esta primavera 27 años. No sé. Llámenme loco, pero para un puente de este porte, un cuarto de siglo me parece poco. Claro, que si nos miramos en el espejo de otros puentes de la zona, ni tan mal. El viaducto del Castro se vino abajo hace cuatro años cuando precisamente era auscultado porque había sospechas de que podía no tener la solidez constructiva necesaria. El puente, en la subida a O Cebreiro se había cortado al tráfico y su colapso no solo no afectó a usuarios, sino ni siquiera a los operarios que trabajaban en él. Molestias, tráfico denso durante muchos meses pero no hubo que lamentar una sola vida, que a estas alturas es de lo que se trata.
El viaducto de O Castro duró todavía menos que el de Tremor (en realidad, el de Tremor sigue durando porque no se ha venido abajo), porque el tramo entre Ambasmestas y Castrolamas, que es el recorrido de autovía entre las provincias de León y Lugo, se había inaugurado en 2002. Duró 23 años aquello hasta que en 2024 .
Y es que la memoria es subversiva en esto y en casi todo. Un servidor, que aún la tiene, recuerda cómo Francisco Álvarez Cascos, las tijeras de inaugurar más afiladas de todo el Salvaje Oeste Peninsular (y de lo que no era Oeste ni salvaje) adornaba con su fina estampa, casco y corbata, más portadas que Paquirrín. Aquel ministro que lo mismo te prorrogaba el peaje de la autopista a Asturias de manera ilegal como se ha demostrado después, que cortaba cintas de tramos de autovías o hacía graciosas concesiones de ruinosas autopistas radiales en Madrid que el erario público se ha terminado comiendo con patatas, ha legado el tramo de autovía con más necesidades de remiendos en trescientos kilómetros a la redonda. (En realidad, el tramo ahora afectado por la necesidad de nuevos puentes lo inauguró el antecesor de Álvarez Cascos, Rafael Arias Salgado)
Y sí, sabemos que la orografía es complicada, pero no más que otras orografías que en este país han hecho autopistas que llegan a Asturias, Cantabria o al País Vasco o cruzan Despeñaperros o la sierra de Guadarrama, y la AP 6 lleva 63 años con un túnel abierto al público y algunos puentes de cierta envergadura. La autopista Vasco Aragonesa está a punto de ser devuelta a concesión pública porque va a cumplir cincuenta años. No parece que las posibilidades constructivas de los años 60-70 del siglo XX fueran mejores que las de treinta años más tarde. Sin embargo no se ha sabido que haya puentes en esas viejas autovías y autopistas que hacer de nuevo ni túneles que haya que tapiar. Se han hecho, se han cuidado, se han mantenido y siguen cumpliendo su función.
Y ya no hablemos de puentes romanos y medievales que no cumplen siglos, sino milenios, dando servicio a los que pasan por ellos. No consta que hubiera en aquellas épocas las pulsiones inauguratorias que posteriormente han hecho de las agendas ministeriales el ítem más codiciado. Pero a lo mejor precisamente por eso, no había prisa por inaugurar, sino por hacer algo que durase y quedase bien. No consta en los anales que Vitruvio acudiera con un cónsul a cortar cinta alguna al rematarse alguna de las obras por él dirigidas
Este VAR pontonero que sufrimos en la A6 berciana no es el único detalle de una autovía que se hizo con más prisa que ganas, con más velocidad que acierto: una ladera en Ponferrada se vino abajo a los seis meses de abrirse la autovía y hoy se ve, tachonada de piedra de escollera, afianzada como debió haber quedado desde el primer momento; los abulonados de la entrada del túnel de Villafranca, viniendo de Galicia que también se hicieron tiempo después; el falso túnel de La Escrita que fue la solución de emergencia a otra ladera que se venía sistemáticamente encima de los carriles. Podría decirse que peco de cuñado y que de ingeniería caminera no tengo ni idea; pero de información comparada algo sé, y los apaños que han exigido estos menos de cien kilómetros entre Manzanal y O Cebreiro en apenas un cuarto de siglo de vida ¿útil? de la autovía no tienen parangón. Lo que vimos fue el “tente mientras cobro” de los constructores “fules” que es el “tente mientras inauguro” de los políticos jetas.




